Por Félix Cortés Camarillo

Hace muchos años, el presidente Vicente Fox hizo una visita de estado a la República Popular China que estuvo plagada de anécdotas vergonzosas. Tal vez la más conocida fue la excursión a un sitio mítico, que para un gobierno comunista quiere decir sagrado, que es el Mausoleo de Quin Shi Huang. En ese museo están sepultadas ocho mil figuras de barro de tamaño natural de solados y caballos, en formación de guerra. Fueron sepultadas ahí en el siglo tres de nuestro tiempo, por la creencia que la dinastía en el poder seguía teniendo fuerzas militares en esos soldados.

            Durante la visita del presidente Fox, dicen los que ahí estuvieron, el secretario de Relaciones Exteriores, Jorge Castañeda, la directora del Consejo para la Cultura y las Artes, Sari Bermúdez y el vocero presidencial Francisco Ortiz se la pasaron correteando y jugando a las escondidillas en torno a las esculturas veneradas para tomarse fotos con ellas.

            La manifestación de al menos falta de decoro provocó que el gabinete del presidente Fox fuese calificado como el gabinete Montessori: eran una bola de huercos que hacía cada quien lo que le diera la gana, ante la benevolente tolerancia de su jefe.

            Me vino a la idea aquella perturbadora imagen, ahora que los funcionarios de alto nivel en el gabinete del presidente López parecen seguir jugando a las escondidillas y en el chacoteo indisciplinado. De manera especial en el tema de las consecuencias de la pandemia que nos está matando, en cuerpo y bolsillo. De manera específica en las medidas de contención al coronavirus y sus consecuencias, o más bien a la previsión de sus consecuencias.

            Del presidente López para abajo, no parecen ponerse de acuerdo los funcionarios de primer nivel en este país no se ponen de acuerdo. El mismo Andrés Manuel se negó persistentemente a respetar las recomendaciones de las autoridades de salud, como lo que ahora nos venden como la sana distancia y el cubrebocas: anduvo por semanas de gira en gira, de abrazo en apapacho y beso en el cachete.

            Su gurú médico-estadístico de cabecera, el doctor Hugo López-Gattel justificó la conducta errática de su jefe con la peregrina idea de que él tenía protección moral; el mismo presidente luego mostró sus escapularios y oraciones que le protegían.

            Cuando la realidad les obligó a suspender giras y abrazos, el tema se movió al uso de los cubrebocas, que según López-Gattel no servían para nada. El recogimiento y la sana distancia eran suficientes. Ahora ha resultado que siempre sí.

            La cosas empeoran cuando pasamos a la necesidad imperiosa de recuperar la vida real, esto es la económica. Que si el diez de mayo, que si el primero de junio, que si será hasta julio, ya nadie sabe. Inventaron un semáforo que determinaría según sus cuatro colores, cuando cada estado, región o municipio retornaría a la vida real.

            Un grupo importante de gobernadores, a los que pertenece dignamente el desacreditado Bronco de Nuevo León, le mandaron decir a la Fede que no, que ellos iban a determinar cuando recomenzaban su actividad económica, comercial, de recreo y educativa. La noche del martes la señora secretaria de Gobernación les cantó la baraja: habrá un solo semáforo nacional y es de huevo para todos los estados.

            Preguntado al respecto ayer por la mañana, el presidente López dijo que vería este asunto por la vía del diálogo, que no habría imposición para nadie, que todo por la negociación y la buena voluntad. Algo entre la escuela Montessori y la Jaula de las Locas.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA, porque no puedo entrar sin tapabocas.- Señor Presidente, con todo respeto: ¿Ya la explicaron la diferencia entre letalidad y mortalidad? La segunda contempla la relación entre los muertos y la densidad poblacional. La primera solamente consigna el número de muertos de entre los infectados por cierto mal, en este caso el Corovid 19. Búsquele por donde le busque, México es el país con mayor letalidad por este mal en América Latina. Pero además, a ninguno de los muertos que México sigue sufriendo, le importa un carajo la terminología que califica su deceso.

‎felixcortescama@gmail.com

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