Por Félix Cortés Camarillo

El resurgimiento de la tensión racial en los Estados Unidos, disparada por el asesinato de un negro bajo la rodilla de un policía blanco en Minneapolis ha trascendido no solamente las fronteras de ese estado sino de todo el país americano. En todos lados el nombre de George Floyd se ha convertido en estandarte en contra de la supremacía blanca que es eje central del presidente Donald Trump en su abierta carrera a la reelección la primera semana de noviembre.

Trump no se caracteriza por la delicadeza de su modo público y privado. Es un patán y esa es precisamente su apuesta: no pretende convocar nuevos votantes; simplemente se aferra a una masa mayormente ignorante, amoral y enganchada en los prejuicios que fundamentan la discriminación de las minorías.

Por eso la indolencia del gobierno de los Estados Unidos ante el asesinato de Floyd. El policía asesino y los dos compañeros suyos que no hicieron el menor esfuerzo por impedir el crimen, no han sido sometidos a proceso penal alguno cuando esto escribo. Simplemente se les despidió de su trabajo, sin mayor reprimenda. Las calles de Nueva York, que habían estado vacías a causa del coronavirus, se inundaron de pronto el domingo de hombres y mujeres que no hicieron caso del toque de queda y a las once de la noche seguían protestando e incendiando lo que podían. Y lo mismo se dio en Los Ángeles, en Chicago, en Minneapolis, en Miami…

Es difícil saber si la muerte de George Floyd sea suficiente para que Trump pierda las elecciones. No hay que olvidar que el sistema electoral de los Estados Unidos es diferente al nuestro: no gana el que gane más votos en las urnas sino el que pueda conquistar un mayor número de colegios electorales.

De forma paralela, el presidente López podría encontrarse con su Waterloo en la pandemia de Covirus 19. La manera torpe e irresponsable que Andrés Manuel y su gurú en el papel de muñeco de ventrílocuo han insistido en hacer pasar por política sanitaria en nuestro país, ha sido patética. Pero la marcha del sábado, dejó a la manifestación en un mínimo ensayo de los cacerolazos de otros tiempos y lugares.

Hay que reconocerle al presidente López su explícita defensa al derecho de expresar nuestra opinión hacia su gobierno. Él está muy seguro de que las limosnas que llama programas de bienestar tienen el mismo efecto de los frijoles con gorgojo, la compra de votos. Por eso insiste en que si un número equis de mexicanos quiere que deje la presidencia, que acudan a las urnas en el 2022 cuando se dará el referéndum de recisión.

Falta mucho para ese plebiscito. Los mexicanos tenemos antes, la oportunidad de modificar el equilibrio de poder en el legislativo y otras instancias.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA. Señor Presidente, con todo respeto: ¿cuándo nos va a contar la verdadera verdad del avión presidencial TP01, José Ma. Morelos?

‎felixcortescama@gmail.com

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