Por Eloy Garza González

Leo por estos días un libro científico. Se titula: “Depresión. La noche más oscura”. Su autor es uno de los mejores psiquiatras de México, Jesús Ramírez-Bermúdez, hijo a su vez de uno de los más queridos escritores nuestros: José Agustín.

El título del libro de Jesús me recuerda al poema de San Juan de la Cruz:” En una noche oscura, / con ansias, en amores inflamada,/ ¡oh dichosa ventura!, / salí sin ser notada / estando ya mi casa sosegada”

San Juan de la Cruz se refiere al alma y Jesús también; y no es la primera ocasión que lo hace este joven psiquiatra. Otro título suyo es “Breve diccionario clínico del alma”. ¿Por qué un neuropsiquiatra, un hombre de ciencia, introduce términos no científicos como el alma?

De la noche oscura de San Juan de la Cruz, a la noche más oscura de Jesús Ramírez-Bermúdez hay un abismo de dolor emocional. Freud lo llamaba melancolía. Ahora se conoce como depresión mayor.

Jesús me dice que la depresión no puede considerarse una enfermedad; en todo caso es un síndrome. Pues será una cosa o será la otra, pero mata poco a poco, o de sopetón, como un cáncer o un infarto al miocardio. Tuve un amigo y dos amigas que se suicidaron por depresión. Yo nunca la he sufrido, más que ocasionalmente por amor, estrés financiero o ya no me acuerdo por qué, pero se me pasó con un mezcal y cantando “Paloma negra”.

Lo cierto es que para Jesús la depresión mayor tiene una reducida influencia genética y una mayor influencia ambiental que el trastorno bipolar, la esquizofrenia o el autismo. Si la depresión es genética (es decir, viene en nuestros genes), o si son factores ambientales los que la detonan, eso no me lo supo explicar bien Jesús o yo no le entendí, solo capté qué hay dos factores sociales asociados a problemas de salud mental: la privación y la amenaza.

Quien ha perdido un ser querido, o se divorcia, o rompe una relación, entra en un proceso de duelo: se desentiende del mundo exterior, se le dificulta elegir un nuevo objeto de amor. Pero la depresión te lleva además a la pérdida del valor de ti mismo. Ya lo dije: la depresión mata.

¿Llegará algún día una cura para este síndrome? ¿Algún medicamento que la cure por completo? No lo creo. Quizá la literatura, las artes, el cuidado de los seres queridos, sirven como estímulos sensoriales; así alivian la depresión. La cultura puede ayudar a combatirla. Aunque pienso que al gran novelista William Styron, quien escribió “La oscuridad visible” no le sirvió de mucho. Ni al legendario Scott Fitzgerald, autor de esas memorias angustiantes sobre la depresión, tituladas “Crack-Up”. Pero bueno, esos dos escritores apasionados eran unos genios y uno es normalito y ahí la va tirando con las neuronas que Dios tuvo a bien repartirnos. Truman Capote (otro depresivo mayúsculo) dijo: recibir un don es recibir al mismo tiempo un látigo para flagelarse. Terrible pero es la pura verdad.

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