Por Carlos Chavarría

En psicología el sesgo cognitivo es un patrón sistemático de desviación  de las conclusiones de la  norma o racionalidad en el juicio. Las personas creamos nuestra  realidad subjetiva, y basándonos en esa construcción de la realidad que proviene de percepciones y preferencias reveladas, aunque débiles,  queremos dictar la conducta del mundo, esto solo puede conducir a distorsiones, juicios incompletos e inexactos, interpretaciones ilógicas y, finalmente, a  la irracionalidad.

Entre más alto o más bajo se esté en la escalera del poder el fenómeno se agudiza y se pretende convertir lo subjetivo en “ley” y eludir todo análisis racional y búsqueda de la verdad.

De AMLO ya no debe sorprendernos nada, ha sido un ejemplo muy lamentable del sesgo desde el momento que niega las evidencias de todo y de todas las fuentes que existen con tal de mantener su realidad como algo imperante.

En el proceso de esta epidemia y de sus efectos económicos y sociales hemos visto a muchos líderes, científicos, médicos, empresarios y personas comunes emitir juicios de todo tipo que en pocas horas se desacreditan y aún así sostienen “su verdad” sesgada como la cierta y correcta.

Se han divulgado cientos de cifras e indicadores imaginables sobre todos los temas conexos al momento histórico que vivimos, y la historia; que se mueve lenta; va poco a poco desacreditando los atípicos y desviados, aunque el daño en el ánimo y motivación ya está hecho.

Es patético que personas con gran preparación y experiencia científica se aferren a números y tendencias calculadas a partir de una matemática inaplicable para un mundo que se comporta de forma no lineal, esa matemática supone, para ser válida, el mantener constante  e inalterable todo lo que no está dentro de lo modelado y ahí esta su falibilidad.

El mundo en que vivimos es artificial y frágil por diseño. Todos los aparatos que el hombre ha construido lo fueron en razón de nuestras formas de organización  para la colaboración, pero el mundo real no tiene ética ni moral, ni pasado o presente sino solo transcurso y nos obliga a recordarlo un enemigo invisible y microscópico que también está en busca de su trascendencia genética pero sin reglas o cortesías.

La confusión se agrava en razón del bombardeo, con intención o sin ella, de datos, sentencias, expresiones y arengas que buscan sus propios intereses también sesgados por la ignorancia y el mal juicio.

Ahora lo importante es cuántas personas se subieron a cual tendencia y no la verdad, hasta que se acabe esa ola y de nuevo empezar el viaje sin sentido, mientras tanto la realidad no lineal se mueve hacia donde se causará más daño, como acaba de sufrirlo el secretario de seguridad de la ciudad más grande del mundo.

Para los débiles liderazgos que complican más las cosas no existen prioridades o categorías sino un solo impulso, permanecer-aguantar, esperando que el azar regrese a la “normalidad anterior” las cosas.

Debiendo suspender todo juego de poder hasta encontrar, no la nueva normalidad, sino el nuevo equilibrio, haciendo un recuento de los daños sufridos, cada día se apresuran los tiempos como si se tuviera algún control del suceso de mañana.

No estamos viviendo una crisis, la naturaleza nos está diciendo en los hechos que si queremos sobrevivir como especie debemos abandonar nuestras presunciones antropocéntricas que han deformado nuestra forma de colaborar entre nosotros y de interactuar con la naturaleza.

Evitar el sesgo es complicado, debemos empezar por dudar de toda información  que llegue hasta nosotros como conclusión de alguien que no muestra datos verificables ni procedimientos repetibles a escala humana.

Tampoco está del todo mal volver a leer a Herbert A. Simon, a Irving M. Copi y Carl Jung.

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