Nuestro presidente, como los líderes de cada país tendrán que pagar en su popularidad los impactos negativos que está dejando esta pandemia.

Es casi un axioma que los dueños del poder político pagaran por los platos rotos de todos los problemas que nos afectan, y en muchos casos pasan a la historia por sus expresiones desatinadas, mas que por sus logros.

Por más que un presidente trate de desviar las causas de los problemas hacia factores ajenos a él, no podrá salir sin efectos serios en sus índices de aprobación. El problema se agudiza cuando se trata de engañar o manipular la información relativa a causas y efectos, como es el caso México en este momento.

Una cosa es la creación de expectativas positivas, que mejoren la condición de “entusiasmo general” como bien lo trata de hacer AMLO y otra muy diferente es eludir la parte de responsabilidad que debe asumir por sus errores y omisiones.

Ahora que se acerca el encuentro de AMLO con Trump vale la pena recordar que ambos se parecen bastante en su sino y modos. Lo más importante es que ambos nunca dejaron de hacer campaña electoral, deformaron los números y polarizaron a su sociedad en buenos y malos.

AMLO y Trump desde que llegaron al poder han usado los mismos discursos defensivos, contestatarios y con franqueza beligerantes, así como inventado los mismos enemigos y adversarios (CNN con Trump, Reforma con AMLO), en lugar de concentrarse en reunir el mejor talento a su alcance, profundizar el análisis y solución de los problemas, y apegarse al trabajo efectivo sin excusa alguna.

Los problemas aquí están y en lugar de parecer responsables, con su rethaíla de excusas que apuntan mas hacia el pasado que hacia el futuro y la solución de los problemas, asumen el papel de culpables.

Claro que la historia de los países es un proceso y el presente siempre tiene un origen, los problemas siempre se  gestan por una secuencia de eventos, y la buena o mala respuesta ante ellos, todo dentro de un contexto y circunstancia, que por supuesto son bien utilizados en las campañas electorales y el diseño de la oferta y promesas a cumplir. Pero de ahí a querer justificar todos los errores con el pasado es tanto como lo dicho por Salinas en algún momento: “ …el PRI es así, porque los mexicanos son así…”. O sea, inútil.

No es la primera, ni será la última vez que tenemos un presidente que en lugar de discutir de ideas hacia el futuro, se la pasa hablando de sus opositores. Es una lástima porque, como todo presidente sus propósitos son buenos, pero sus estrategias no son para la época o de plano están equivocadas.

“Soy responsable del timón, pero no de la tormenta.”, José López Portillo, en su 5/o informe.

 PARA CUIDAR LOS BIENES SUPREMOS QUE ME HAN SIDO CONFIADOS SÉ QUE TENDRÉ QUE ENFRENTARME A QUIENES TIENEN UNA GRAN CAPACIDAD DE PROPAGANDA, DE DIFUSIÓN, DE FALSÍA, DE INJURIA, DE PERVERSIDAD. SÉ QUE, EN CAMBIO MILLONES DE COMPATRIOTAS ESTÁN DECIDIDAMENTE EN FAVOR DEL ORDEN Y EN CONTRA DE LA ANARQUÍA”, Gustavo Díaz Ordaz, después del 2 de Octubre.

“Se ha difundido un clima propicio para que los enemigos del sistema, construido con singular empeño democrático por el pueblo. se apresuren a condenarlo indiscriminadamente y fomenten dudas sobre nuestro rumbo histórico.”, Miguel de Lamadrid, en su toma de posesión.

“Todo eso es política ficción…ni los veo ni los oigo…”. Carlos Salinas de Gortari.

En descargo de aquellos que ahora tienen el peor trabajo del mundo, termino con una frase del ex presidente James Madison de los EEUU (1809-1817): “ Si los hombres fueramos ángeles, ningún gobierno sería necesario”.

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