Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La primera temporada de la serie de Amazon Prime, La jauría, intenta reivindicar el feminismo, las luchas feministas. No lo logra. Está situada en el país latinoamericano, Chile, que ha dado la mayor batalla, junto con Argentina y México, en el combate contra el patriarcado y a favor de los derechos de la mujer. Su composición narrativa, aunque se pretenda, no es un ensamble de concientización sino un ensayo de un thriller.

La violación a una dirigente estudiantil feminista en un colegio privado, en el grave contexto de la lucha chilena y el abuso cotidiano de las mujeres, no logra imponerse como motivo principal. El tema es la vida de tres mujeres policías y sus cuitas con trazos de novela negra.

La violación es, duele decirlo, sólo una excusa para, casi diría patriarcalmente, aprovecharse del momentum feminista en Latinoamérica y España. Los temas centrales del derecho al cuerpo, del aborto, de la reflexión, sobre todo argentina, sobre la educación de los hijos (no es amor sino trabajo) y en la Cuarta Ola, por ejemplo, de las deudas y el crédito (con el capitalismo especulativo y depredador de Black Rock), son dejados de lado.

Es ingenuo ver argumentos ingenuos como reivindicaciones sociales. Amazon, por eso su despliegue de publicidad, aprovecha el tema feminista para sus particulares intereses. El trazo narrativo, totalmente näif. Lesbianismo de besitos adolescentes, un profesor de teatro acosador que termina suicidándose, la madre policía que olvida su instinto policíaco y obvia la no-funcionalidad de su hijo, una mujer policía emotiva que ejecuta sin emoción, otra policía que a las primeras de cambio olvida el peligro de su familia y folla sin una explicación de fondo en las líneas narrativas de su personaje. Un profesor envejecido, serial killer de Criminal Minds… Y el alfa de la jauría como un pendejo sumido en teorías patriarcales obtusas que, sin embargo puede, supone la serie, manipular a otros cuantos puñetines machistas. Y el happy end de las tres mujeres en una conversión de la no funcionalidad en funcionalidad.

La jauría está hecha para el entretenimiento, no para la concientización ni para la estética. Que la segunda temporada augure una conspiración mundial en contra de las luchas feministas, es como leer con anticipación una novela de Dan Brown. Ni conjurados ni conspirados de ocasión. El orden machista en contra de la vida de las mujeres es histórico y cotidiano. Lo padecemos cada día en nuestros países, por las iglesias, por los Estados, por nuestros políticos; también en el clasismo y la violencia, ya se llamen “Porkys” en México o “La manada” en España.

El pañuelo verde está en otro lado, no en Amazon Prime.

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