Por Félix Cortés Camarillo

Conocí y traté a Roberto Gómez Bolaños durante varios años en Televisa, en una relación afectuosa y de respeto mutuo, siempre y cuando yo no considere sarcasmo cuando él me llamaba “genio”, y el título -muchos reconocimos después- era suyo.

Ambos éramos, al lado de una docena de otros, semanalmente alumnos los lunes de la “escuelita” de Emilio Azcárraga Milmo, en donde se discutía abiertamente de todo, desde las noticias, las novelas, los programas cómicos o las posturas políticas; alguna vez vino a mi casa a cenar acompañado de su mujer Florinda.

Precisamente en el día de hoy, cuando las televisoras privadas de México desentierran el proyecto de Telesecundaria de don Emilio Azcárraga Vidaurreta, me entero sorpresivamente de que los programas de televisión ideados, escritos, producidos, dirigidos y actuados por “Chespirito”, quien fuera antes de su fama mundial libretista de las mejores películas de Viruta y Capulina, del programa Cómicos y Canciones y del show de Pedro Vargas, desaparecen del aire no solamente en México sino en todo el mundo.

No hay una versión oficial de lo que pasa cuando esto escribo, pero es evidente que estamos ante una situación mercantil, la de los derechos autorales de esos programas. Es natural pensar que las dos viudas de Roberto, y sus cinco hijas y un hijo del primer matrimonio, quieran disfrutar el usufructo de las innúmeras repeticiones de esos programas que siguen haciendo reír a mis nietos allá en Connecticut. Es lógico inferir que el departamento legal de Televisa considere que desde su punto de vista la empresa sigue siendo dueña total o parcial de esos materiales y de su distribución mundial.

Es doloroso reconocer que el departamento comercial de la misma compañía considere que el Chavo del Ocho ya no genera las ventas que hacía hace cuarenta años: el mercado publicitario se ha constreñido, fragmentado en oportunidades, al mismo tiempo que el consumo ha sufrido de las frecuentes crisis económicas. El producto se ha devaluado.

Pero yo no hablo en este espacio de negocios, sino de las cosas de la vida. En nuestra vida, los personajes de Gómez Bolaños se nos metieron por la piel de la sonrisa o los huesos de la carcajada y enriquecieron nuestra lengua con vocablos nunca imaginados. ¡Chanfle!

Roberto Gómez Bolaños hizo una aportación a la cultura popular mexicana mucho mayor que la muy celebrada de Cantinflas, que la de toda la época de oro del cine mexicano o del mismísimo Tin Tan. Es innegable que los tiempos son otros, las cifras han cambiado y la tecnología nos transformó. Pero las generaciones moldeadas por el humor ingenuo de Chespirito, tan emparentado confesamente con el de Charles Chaplin, van por el número tres, y contando, no solamente en México sino en todo el continente.

Pero estamos ante un fenómeno cultural; en mi opinión, el peso ideológico de todos los personajes de la Vecindad del 8 -que se llama así porque nació en Televisión Independiente de México, mamá de TVAzteca, cuyo canal estrella era justamente el ocho- y de sus offsprings como los rateros, el profesor Jirafales o el doctor Chapatín es imborrable.

Las partes del conflicto llegarán a un acuerdo. Me refiero al entendimiento económico; el familiar, que suele no estar reñido con el anterior, es otro asunto. Lo que me queda claro es que nuestros niños y los que les siguen, tienen y tendrán derecho a contar con la astucia del Chapulín Colorado.

PREGUNTA PARA LA MAÑANERA PORQUE NO ME DEJAN ENTRAR SIN TAPABOCAS: Con todo respeto, Señor Presidente, ¿quiere usted unas vencidas con México, sobre la permanencia de López-Gatell?

‎felixcortescama@gmail.com

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