Por Waldo Fernández

Seguramente usted recuerda que muchos, sino es que la mayoría de quienes promovieron la reforma energética, argumentaban que había que dejar de invertir en Pemex porque “no era negocio”.

Predicaban con tanta pasión que hasta hacía parecer la entrada de capital privado como una especie de bendición divina.

“Esto no es negocio, pero si se aprueba la reforma energética no vamos a librar de meterle más lana y le vamos a endosar esa pérdida a un caritativo interés privado”.

Eran palabras más, palabras menos el dogma que predicaban. PERO omitían mencionar que la paraestatal “había dejado de ser negocio” porque durante alrededor de tres décadas las administraciones del PRIAN desmantelaron y desfondaron SISTEMÁTICAMENTE a Pemex con la clara intención de privatizarla. 

Usaron su poder político para trasladar un bien público a manos del capital privado con la clara intención de beneficiarse ellos también de forma personal.  

Como se explica usted que sin ser negocio la empresa aportó $9,163,568,000,000 a la hacienda pública en los últimos 3 sexenios, una cantidad muy similar a los $9,995,000,000,000 de la deuda neta del sector público del país en ese mismo lapso de tiempo.

¡¿Sí no era negocio cómo puedo aportar tanto?!

Dese cuenta que durante la administración de Calderón el barril de petróleo alcanzó un precio superior a los 100 dólares, pero todo ese dinero “extra” se lo gastaron en nómina o se lo repartieron a los gobernadores para que lo gastaran también en gasto corriente. 

Eso refleja que lo que no supieron hacer fue administrar a la petrolera, pero de esa incapacidad nunca hablaron.     

Le repito, no es que no fuera negocio, es que las administraciones del PRIAN quebraron a Pemex con alevosía y ventaja para justificar su argumento de que había que privatizarla.  

NO faltará quien se queje y diga “¡Qué importa!… ¡Como quiera a mi Pemex no me daba nada!”

Nada más alejado de la verdad pues la realidad es que si durante años los gobiernos pudieron permitirse, por un lado, cobrar tan pocos impuestos y por el otro condonarle impuestos a empresas en cantidades escandalosas…  Fue precisamente porque el dinero para el presupuesto salía de lo que Pemex aportaba.    

No es casualidad que las reformas fiscales de los gobiernos de Calderón y Peña Nieto para quitarle carga fiscal a la petrolera y empezar a cobrarle más impuestos a los ciudadanos se dieran cuando el desmantelamiento de la empresa ya iba muy avanzado y estaba por concretarse el paso de ese negocio público a manos de capitales privados. 

Lo que hubo detrás, las complicidades componentes para llevar a cabo esa operación de privatizar Pemex que duró décadas puede comenzar a saberse con lo que declare Emilio Lozoya 

Se equivocan quienes hoy se atreven a tachar de simulación el proceso que se sigue en contra del ex director de Pemex. 

Simulación fue la que llevaron a cabo los gobiernos del PRI y del PAN durante décadas para alcanzar su objetivo de privatizar a la petrolera mexicana y beneficiarse a algunos de sus prominentes políticos y personajes cercanos de manera personal. 

Esa simulación comenzó a derrumbarse cuando se destapó la cloaca de Odebrecht y sus sobornos. 

Esa simulación, la de que Pemex no es negocio, se derrumba con el caso Lozoya. Se les quedaron sin argumento, no es que no fuera negocio es que se lo querían quedar.  

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