Por Francisco Tijerina Elguezabal

“No encuentres la falta, encuentra el remedio.” // Henry Ford

Las abuelas de antaño eran, todas, sabias. No había malestar, enfermedad o dolor que te aquejara que no supieran curar con dos mágicas pociones: un caldito o un té y de entre todos, el caldo de pollo era el mejor pues servía para todo, aunque en lo personal prefiero un té: el tequila.

En los últimos tiempos ni el mejor de los caldos de mis abuelas sería capaz de calmar la tristeza y desasosiego que vive el diputado local Marco González a quien definitivamente le está saliendo más caro “el caldo que las albóndigas” por haber tomado la decisión de abandonar al PRI para lanzarse al canto de las sirenas de Morena.

Relegado, desplazado, vive en el ostracismo en una penumbra aciaga, sin destacar en la legislatura y, lo que le resulta mucho peor, sin poder colarse al aparador de los medios de
comunicación para disfrutar, como a él le gusta, de los reflectores y las entrevistas.

Mucho debe estarse cuestionando el diputado si fue o no un error el pretender “matar víbora en viernes” al cambiar de camiseta, pensando que en Morena podría convertirse en el amo y señor de la escena y resulta que sus compañeros lo han acorralado al grado de reducirle a la mínima expresión.

El asunto debe tener inquieto sin duda a González, que sueña y vive buscando dar continuidad a su carrera política. Ha ensayado largamente el cómo saltar del trapecio para
colgarse del siguiente puesto, pero en el momento menos oportuno le han retirado el plato de la mesa en la que sigue, pero como un convidado de piedra, que no habla, que no se
mueve, que no existe.

Escenario extraño para el legislador que, como “Don Julián”, el personaje del corrido de “El Perro Negro”, estaba acostumbrado a mandar y al cambiar de partido pensó que llegaría arrasando con todo y no fue así, porque hasta para tomar una servilleta tiene que pedir permiso y júrelo que si la pide diez veces, en ocho se la niegan.

Triste caso el ver la manera en que una estrella que tuvo momentos fulgurantes, va apagándose poco a poco hasta casi extinguir su luz, que está ahí, pero como si no estuviese.

El futuro es más o menos predecible para “El Pollo”, como le llaman algunos, pues sus compañeros de Morena apretarán más la pinza y le cerrarán todos los espacios pues los requieren para ellos y su promoción; como en el dicho popular: “primero mis dientes y después mis parientes”.

Y no habrá abuela, por sabia que sea, capaz de preparar un caldito o un té que resuelva los males del diputado que hoy paga cara su ambición y un inmenso error de cálculo.

ftijerin@rtvnews.com

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