Por Carlos Chavarría

Qué bueno que en el estado de Oaxaca pusieron de nuevo en la palestra el antiguo dilema de los alimentos chatarra, pero en especial el de los refrescos embotellados. Vamos a ver si son capaces de entrarle al debate de la verdad en el asunto.

Todas las empresas de alimentos usan el azúcar en sus productos, no solo las refresqueras, pero se usa a los refrescos como el indicador de una mala alimentación. Este debate empezó en 1972 con la publicación en Inglaterra del libro “Pura, Blanca y Mortal” del médico John Yudkin, cuyas investigaciones sobre enfermedades cardiovasculares y obesidad asociaron como causa principal al consumo excesivo de azúcares refinados y los aceites hidrogenados.

El final de la historia fue que nadie pudo encontrar responsables a los fabricantes del “consumo excesivo” y la respuesta fue ofrecer productos alternativos sin azúcar u otros edulcorantes que a su vez fueron después también atacados como causantes de otros trastornos. El debate murió por senilidad y ahora lo reviven en Oaxaca.

Pero en México, es verdad que en las comunidades más pobres, las más alejadas, las que tienen menos inversión en  infraestructura de todo tipo, menos empleo formal, es donde son más altos los problemas de salud, resultado de una mala alimentación. Es cierto.

Pero también es cierto que en esas comunidades comen lo que hay, lo que  les llega y lo que pueden pagar. Vamos a ver si con la prohibición les van a llegar mejores alimentos y quién se los va a proveer. No olvidemos que ya se probó el gobierno con las tiendas CONASUPO como proveedor de alimentos “sanos” y no funcionó.  Bueno, si funcionó para algunos dentro y fuera del gobierno.

El problema de la alimentación es el que prueba nuestro subdesarrollo y las insuficiencias y fallas de los gobiernos, así como el problema de un sistema de mercado sustentado en las preferencias de consumo en un pueblo muy pobremente educado y mal remunerado, mercado, además , que fue organizado y dominado  por oligopolios privados y estatales. Vamos a ver quién de los diputados le entrará al debate.

Vamos a ver quién va entrar a decirle al gobierno que ya debe eliminar muchos de sus brazos y dependencias que no forman sino cuellos de botella para el desarrollo de nuestro país.

Qué bueno que abrieron una vía para debatir los cacicazgos que han azotado a estados completos como Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Tlaxcala y Puebla que tienen sometidos  a millones de seres humanos que han impedido la educación y la inversión usando la excusa de los usos y costumbres.

 Si acaso se pretende con honestidad entrarle al tema y apoyar este tipo de censuras al consumo, las cúpulas empresariales y el gobierno van a tener que poner sobre la mesa el asunto de los términos de intercambio económicos y el valor de los salarios, porque comer “sano” cuesta.

Es muy simple, nada mas hay que preguntarnos cuántas horas hombre se requieren para alimentarse bien con los salarios devengados actuales y cuál debe ser el justo mútiplo que haga equivalente  la suma del valor de los salarios y los rendimientos del capital.

Quién más ha eludido  este tipo de debates en México ha sido los gobiernos de los tres niveles y el poder legislativo, por ser un apéndice del ejecutivo. Porque en la ecuación la parte más importante es la ineficiencia del  gasto público. No hay escapatoria, es el momento de resolver este debate, casi dilema.

Quién iba a decir que un virus y la necesidad de eludir la responsabilidad por  un pésimo manejo de la pandemia asociada. En un  extraño efecto mariposa llevó a los diputados de un  estado muy pobre pero  priísta de siempre, a lanzar una inocente iniciativa para prohibir los refrescos, nos pudiera llevar a debatir la base de nuestro subdesarrollo, la educación y la inexistente movilidad social para los estratos que viven en la pobreza.

Todo causado por el enquistamiento de una ralea de mal llamados políticos que han abusado construyendo un estado inútil, obeso, diletante y sin interés real en servir a la sociedad.

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