Por Félix Cortés Camarillo

Se ha armado en México un barullo innecesario y vacío sobre el acuerdo de las cadenas de televisión abierta y la secretaría de Educación para suplir a las aulas escolares a partir del próximo lunes en virtud de la imposibilidad de iniciar presencialmente el año escolar.

A los Savonarolas que nunca pudieron entrar a aparecer en la televisión privada, les parece un pecado imperdonable que los educandos puedan distraerse con las curvas de Galilea Montijo tratando de aprender la tabla del nueve. A otros les parece caro el presupuesto del presidente López de que el Estado tendrá que resarcir a las empresas concesionarias a tasa de cinco pesos por alumno: como que no cuadra la metodología del cálculo. Hay quienes, más extremistas que el mismo Girolamo, consideran que esto equivale a poner la iglesia en manos de Lutero.

Para los que sí tenemos memoria y ya nos hemos acostumbrado a las imprecisiones de Andrés Manuel cuando se pone a improvisar -que es a diario- nos parece ridículo afirmar, como él lo hizo, que el experimento de casar hoy televisión con pedagogía era único y primero en el mundo. La telesecundaria fue un invento de don Emilio Azcárraga Vidaurreta -no de Álvaro Gálvez y Fuentes, que se llevó el aplauso- en los años sesenta, hace más de medio siglo.

Esteban Moctezuma, de la mano de Emilio Azcárraga, Olegario Vázquez Aldir, Francisco González Albuerne, Ricardo Salinas Pliego y adláteres menores, está lanzando una nueva versión de la idea de Don Emilio. Con graves dificultades.

El proyecto de telesecundaria que despegó despacito en el canal 5, como todo buen banco tenía tres patas, además del aire: un maestro conductor, un maestro monitor y un aula equipada por lo menos con una tele. Una hora típica consistía de diez minutos de repaso por el maestro en pantalla, una clase, y ejercicios. El maestro monitor, físicamente en el aula, contestaba dudas y abundaba en el tema.

El modelo que vamos a ver el lunes tendrá contenidos supuestamente de calidad desarrollados por la SEP, conductores de experiencia y fama y una red de distribución más poderosa. El asunto es que no hay aulas ni maestros monitores que traduzcan los contenidos y expliquen los detalles: seremos los padres y madres, que por lo general tenemos que conseguir el sustento, los que debemos hacer ese papel. En la sala de la casa.

Pese a que se trata de una decisión tan importante como imprescindible, y que debe aminorar la convicción de que el televisor es una caja idiota, se antoja un camino cuesta arriba, que no merece el desdén o la descalificación instantánea. Como padres y abuelos le debemos desear la mejor de las suertes y darle el mayor apoyo.

Porque si fracasa, fracasamos todos.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿no le gustaría dejar huella en la historia nacional recuperando el ferrocarril de pasajeros que mató Zedillo, aunque sea solamente de Guadalajara a Hermosillo, de Veracruz a Palenque, y -desde luego- El Regiomontano?

‎felixcortescama@gmail.com

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