Por Eloy Garza González

Desde hace muchos años sigo la pista a un modelo de empresario bribón, ejemplo del “capitalismo de amigos”: Donald J. Trump. En Las Vegas me asqueó contemplar su torre en forma de lingote de oro: arquitectura vulgar. En la prensa leí sus osados lances empresariales, trampas y jugarretas: cinismo mafioso. En San Antonio fui testigo de la veneración que le rinde el americano blanco, anglosajón y protestante: seducción enfermiza. En televisión vi su ascensión a la presidencia de Estados Unidos: tiranía del fake news.

Con esa relación de hechos ridículos y de la más baja estofa, que testimonian el avance del mal hasta llegar como predestinación a la Casa Blanca, escribí el retrato de uno de los personajes más controvertidos de la farándula y el poder político actual. Es un libro que, modestia aparte, se volvió best seller: “El cerebro de Donald Trump: ¿quién es el Presidente magnate?” (México, 2017).

El cerebro del 45° presidente de los Estados Unidos está cargado de megalomanía. La sociopatía que invade sus neuronas estropearon el tejido de la Civilización Occidental, tal como la conocemos hasta ahora.

Sea reelecto o no este próximo noviembre (y yo deseo con toda mi alma que no), el daño ya lo infringió en la psique colectiva global. Hemos retrocedido históricamente en la lucha por los derechos civiles y por la defensa del liberalismo económico.

En mi libro abordé la trayectoria empresarial y política, así como el entorno de un hombre que nació multimillonario, compró el Empire State, es dueño de innumerables rascacielos que llevan su nombre, fue bufón de la prensa y la televisión por varias décadas y se patrocinó él mismo su candidatura presidencial, deshuesando al partido Republicano y al sistema electoral del país, que por 250 años pretendió ser modelo de democracia.

Los tiempos cambiaron vertiginosamente hace cuatro años y el fascismo reapareció con su rostro más intolerante. Mi libro combina biografía con ciencia cognitiva, geopolítica con análisis comparativo, para llevar de la mano al lector por el reality show en que convirtió el Despacho Oval de la Casa Blanca el cerebro más frívolo y manipulador del mundo moderno.

Quise hacer una tomografía que revelara una enfermedad mental con diagnóstico devastador para el mundo entero, agudizado por la coronacrisis.

Ahora, los norteamericanos están a un paso de sacar a este megalómano de la Casa Blanca. La pandemia, irónicamente, les ha echado un lazo.

Pero todo puede suceder. Joe Biden es un hombre blando, de pocas luces intelectuales y visión limitada. Hará falta algo más que osadía y coraje para mandar a su casa a ese orangután anaranjado, con ínfulas de emperador tuitero.

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