Por Eduardo Campos Sémeno

Primero unas definiciones para evitar confusión: Este artículo es sobre la alcaldesa expriísta que hoy no tiene partido, pero que va dominando algunas encuestas en pos de la gubernatura; cuando digo “joker” me refiero al “comodín” de las barajas y los juegos de naipes y no al personaje de los cómics.

Y, finalmente, por ideología me refiero a los preceptos que en principio forman la estructura de un partido político, la lista de conceptos e ideas que “defiende” y por qué, su compás cívico y ético con el que opera y que despliega para atraer simpatizantes y para que, así, los ciudadanos decidan afiliarse a ese y no a otro partido con ideas diferentes.

¿Qué tiene que ver Clara Luz con los “jokers” y las ideologías de partidos? Veamos.

Empiezo con este último punto: A manera de ejemplo, tomo unos párrafos de los Principios de Doctrina del Partido Acción Nacional (PAN) fechados en el 2002:

“La familia es el cauce principal de la solidaridad entre generaciones. Es el espacio primario de la responsabilidad social… La familia tiene preeminencia natural sobre las demás formas sociales, incluso el Estado”, dice el PAN y agrega: “Acción Nacional afirma el valor de la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural…”.

Ahora veamos qué dice el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en su Declaración de Principios más reciente fechada en el 2015:

“Ratificamos nuestro compromiso de garantizar el pleno ejercicio de todos los derechos de las poblaciones Lésbico, Gay, Transexual, Transgénero, Travesti, Bisexual e Intersexual, (LGTTTBI) y otro tipo de orientación sexual… Impulsaremos que nuestros legisladores propongan e impulsen leyes en todo el país sobre el matrimonio igualitario”.

Agrega el PRD: “La últimas generaciones de jóvenes han sido las más afectadas por el modelo neoliberal. El PRD lucha por garantizar el ejercicio pleno de los derechos de las juventudes… y a decidir sobre su propio cuerpo, entre otros”.

Como verán, metas y conceptos muy claros, definidos, respetables, pero diametralmente opuestos. Diferencias que debemos entender en civilidad, aceptar sin odios ni prejuicios, pero que parecerían abismales e irreconciliables.

Sin embargo, en este México nuestro de neoliberalismo, partidocracia y conveniencia electoral, los partidos tienen años borrando en la práctica esas diferencias. Con tal de acceder al poder le entran al clientelismo electoral, ofrecen lo que creen que los votantes quieren oír (aunque sea contrario a su razón de ser y sus principios partidistas) y, lo más lamentable, hacen alianzas con cualquier lado del espectro político.

Tomé los ejemplos de PAN y PRD, porque estos dos partidos tan disímiles y otrora acérrimos enemigos, formaron la alianza “México al Frente” para competir en las elecciones de 2018. En otros tiempos, cuando los principios importaban, eso hubiera sido impensable.

Me imagino que los fundadores de ambos partidos se retorcieron en sus tumbas (bueno, los que ya murieron) cuando supieron de la formación de ese “Frankenstein” político.

A este panorama de acceder al poder sin importar ideologías ni colores, es al que llega Clara Luz Flores y ella parece estar muy cómoda con eso. En entrevista con Reforma indica que ha tenido pláticas con varios partidos (menos el PRI, of course!).

En la entrevista, al hablar de su futuro político, implica que todos los partidos son iguales, ella va adelante según la encuesta de Reforma y entonces es un “joker”, un “comodín”, que se acomodaría en cualquier color, bajo cualquier logotipo, siempre y cuando tenga registro ante el INE. Ella elige.

Y los medios van con ella sin chistar. El Norte dice que lleva negociaciones con el PAN, aunque están lentas. En Los Tubos, José Jaime Ruiz señala que el mismo AMLO ya le está poniendo la alfombra roja —o más bien rojo marrón— de Morena.

No importa que sean partidos tan diferentes, ni qué diga la ideología de cada uno de ellos. De lo que se habla en las notas es de “las condiciones” que le concederían a la posible candidata expriista.

Sin embargo, en estos tiempos en los que desde Palacio Nacional se habla a diario de ideologías y se recuerda el espectro político de izquierda y de derecha, cuando ahora recordamos las diferencias que siempre han existido en el papel, me queda la duda si las cosas resultarían para Clara Luz tan sencillas como en el juego de elegir entre melón y sandía.

¿Es lo mismo PAN que Morena? Nunca. Y, peor, ¿valdrá igual en las urnas el “comodín” de Clara Luz si va por el PAN, que si lo hace por Morena, el MC o por el PT? Yo apostaría a que no.

Pero independientemente de lo que yo o cualquier otro opinólogo piense, es la hora de Clara Luz Flores Carrales, y ella lo sabe.

Hace unos días, la alcaldesa lanzó un video en el que habló a sus seguidores en redes sociales y dijo que era tiempo de “iniciar una nueva era” y que está a punto de “tomar una decisión”. Todo muy bien y perfecto.

Pero en lugar de entrarle de lleno al pragmatismo electoral en el que estamos inmersos —y donde al parecer todos los partidos ofrecen lo mismo— Clara Luz tiene la oportunidad de cambiar el panorama y el entorno de la futura elección. Para ello, más que “tomar una decisión”, la alcaldesa podría “llegar a una definición”.

La decisión implica procesar pros, contras, números, condiciones y puede ser impersonal.

La definición incluye meditar principios, valores, creencias, compromisos y es bastante personal.

Si llega a un partido por mera decisión, se convertiría en una especie de candidata independiente, pero bajo siglas ya existentes.

Si, en cambio, se define con convicción por un partido, entonces tendrá la posibilidad de construir con compromiso esa nueva era de la que habla, pero arropada con los militantes, legisladores y funcionarios de su nuevo hogar político.

Además, si consideramos que existe la posibilidad de que al entrar al cobijo de unas siglas pueda hasta perder la ventaja electoral que hoy lleva como independiente, mejor pelear esa batalla con el convencimiento que llegó ahí por ideales, que con el arrepentimiento de haber fallado en la decisión, por tomar la ruta del simple “tin-marín”. Pero, como dije antes, ella elige.

Al terminar el video mensaje del que hago referencia, la alcaldesa dijo algo que se escucha poco, viniendo de un político: “Que Dios ilumine nuestra mente, que proteja a todas nuestras familias y que bendiga a Nuevo León”.

Cualquiera que sea la ruta que la precandidata siga en su carrera por la gubernatura, tal vez esa despedida tan poco ortodoxa sea presagio de que vienen tiempos aún más inéditos en esta accidentada y pandémica antesala del 2021.

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