Por Carlos Chavarría

En materia económica lo que se propala que va a ocurrir, sucederá. La información, la creación de expectativas y la confianza en los escenarios lo es todo.

Hay una frase dicha por un ex presidente innombrable que lo dice todo : “…la economía es necesariamente política…”. Nada más cierto cuando las cosas no están bien.

Los invito a que entren al sitio del INEGI y que repasen la metodología [www.inegi.org.mx/contenidos/programas/pib/2013/metodologias/SCNM_Metodo_PIBT_B2013.pdf] para el cálculo de tan mentado indicador PIB, producto interno bruto. Cuando lo hagan se percatarán de que es un proceso complejo y que usa informaciones y validaciones diversas que no son fáciles para quiénes somos legos en la materia.

No dudo que existan instituciones de diversa naturaleza, entre académicas, hacendarias, y otras del sector privado, que mantengan actualizados modelos matemáticos singulares y complejos para aproximarse a simular valores esperados del PIB sujeto a diversas variables y que algunos de los pronósticos lanzados a los medios de comunicación tengan alguna base sólida, pero la gran mayoría son puras adivinanzas y apuestas que ni los brujos más conspicuos se atreverían a retar.

En las épocas  emproblemadas como la que atravesamos siempre surgen expertos econometristas por todos lados con muy diversas motivaciones, pero los más especiales son aquellos que “apuestan a perder, para siempre ganar”, porque siempre van a tener razón, pase lo que pase, de estos son los más.

Hasta el secretario de Hacienda fue y asustó a los diputados con reflexiones casi apocalípticas sobre el estado que guarda la economía para que no se hicieran muchas ilusiones con el proyecto de presupuesto de egresos del 2021 y no piensen en estiras y aflojes sino en estirar parejo nada más, porque no hay de otra sopa.

Pero ese mismo señor adusto que dirige Hacienda es  quién por antonomasia impulsa el discurso presidencial en otra dirección que puede ser la única cierta.

Aunque aún persisten en nuestro país algunos problemas estructurales, la pandemia es un asunto de coyuntura que detuvo la máquina del consumo mundial, pero todos los agentes económicos hicieron lo que asumieron como mejor para su manejo.

La lógica indica que cuando surja la vacuna, la que sea, no importa cuál, el consumo rebotará a la velocidad que la confianza aumente, de ahí la urgencia del mundo por  presentarla ya, aunque la solución de la pandemia vendrá de la inmunidad de rebaño, pero esta  es poco sofisticada y comprendida como solución política.

Ya empezaron otros brujos anunciando las diversas conspiraciones de toda índole cuyo propósito es dominar al mundo a través de la tan demandada vacuna, son tan obvios que hasta se contratan para atacar  enemigos específicos. Algunos son los mismos que propalaron que el COVID fue algo hecho con toda intención en un laboratorio para destruir al mundo.

Estamos ante un problema real y ante eso no hay escapatoria para ninguna administración. Como en otras ocasiones los creadores de opinión (los brujos) se encargan de profundizar las crisis según los intereses a los que sirven, no es nuevo ni privativo de México, mas si está un país en proceso electoral o su presidente. como Trump, Bolsonaro, Fernández, o López Obrador, nunca se quitan el traje de campaña.

El problema con los brujos de la economía es que no les importa pegarle al ánimo de la gente. A pesar de la abundante información disponible es difícil para el que trabaja, que se ocupa todo el día, andar cruzando datos para averiguar la fiabilidad de las decenas de aseveraciones que se lanzan todos los días sobre cualquier tema. También vale este razonamiento para los brujos oficialistas que en un afán defensivo o francamente mentiroso aseguran lo que nadie es capaz de calcular.

Si antes se podía culpar a los medios de comunicación (TV, radio, periódicos, etc.) de ser los creadores de opinión, ahora el mundo de la comunicación de masas es un instrumento que fragmenta y profundiza la división social, al usar un lenguaje débil para construir predicados útiles, pues cualquier expresión parece verdad instantánea, aforismos que pueden usarse aún en sentidos antagónicos bajo toda lógica.

“Cómo es que disponemos de tanta información y sabemos tan poco”, Noam Chomsky.

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