Por Carlos Chavarría

Si en condiciones normales es difícil discriminar entre lo falso y verdadero, cuando el reloj electoral se arranque dentro de pocos días nos veremos abrumados por las corrientes de información, imágenes, lemas y contracampañas desacreditantes que será una tuna muy espinosa como para aderezar los apremios y apuros de la situación por la que estamos atravesando.

En esta ocasión no hemos tenido descanso  porque la administración en manos de MORENA no ha detenido su campaña electoral ni un solo día desde que se dieron a conocer los resultados de la elección en el 2018, y el presidente López Obrador empezó a gobernar y dictar políticas públicas  mucho antes de tomar posesión legal de la gran silla.

Hasta que la presidencia no recupere el poder que tenía el viejo PRI no va  a descansar en su afán de desacreditar a quién se le atraviese, así que  tiene de adversarios a todos los que por convicción o circunstancia no piensen como él. Como al viejo PRI, poco le importa la realidad concreta y mucho el dictarlo todo como antes.

Lo más lamentable es que haya personas que piensen y crean que violando la ley y los procesos judiciales desde la presidencia, se vaya realmente a mejorar la impartición de justicia y acabar con la impunidad.

Tanto trabajo ha costado que en los procesos judiciales manden solo las evidencias para que ahora desde una tribuna política como es la figura presidencial se arenguen y promuevan  los linchamientos mediáticos como si eso fuera justicia y no nos demos cuenta de que solo es una contracampaña dentro de la lucha electoral.

Cuando concluyan esos procesos sin condenas hasta eso sera usado electoralmente para proceder a linchar a los jueces y  fiscales y así es la nueva transformación.

Las elecciones intermedias siempre despiertan poco interés pero López Obrador las quiere convertir en elecciones presidenciales y como siempre el partido que saque mas gente a votar ganará, no el que tenga la mejor oferta. Las elecciones intermedias son de  voto duro.

La estrategia de MORENA es muy clara. Llenarán todos los espacios de información con inmundicia para que los desatinos de su administración se vean como pulcritud y la gente siga creyendo en su oferta aunque sus resultados sean un desastre.

Cuando hasta en los países más poderosos se agoten sus márgenes de maniobra económica, cosa que ocurrirá según los expertos para el primer trimestre del 2021, la ola de inconformidad sumirá en la confusión a las masas de votantes que fueron los que eligieron a los que causaron la crisis, y la inercia llevará a resultados que no aceptan más como pronóstico la anarquía sistémica y en México estaremos en pleno proceso electoral.

El proceso electoral que viviremos es como un huracán que nadie puede predecir su curso y los daños que causará, impulsados por la desesperación de un gobierno que busca consolidarse a pesar de su ineptitud, y una clase media inerme ante un estado de cosas de total incertidumbre sobre el futuro inmediato.

Ya se ven los signos de la tensión política acumulada y por más guardias nacionales que se usen, se están abriendo demasiados frentes que demandan  cordura pero desde las más altas esferas se incita a la violencia.

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