Por Waldo Fernández

Hace unos días llegó a mi whatsapp el video de una intervención de Godfrey Bloom, político británico que fue diputado del Parlamento Europeo durante la crisis del 2008 y los años posteriores a ella.

En esa intervención Bloom denuncia que los países estaban quebrados porque sus “ignorantes políticos”, así lo dice, gastan más de lo que recaudan en impuestos. Y para hacer frente a ese déficit piden y piden y piden deuda.  

El británico señala incluso que los políticos de esos países quebrados llegan a gastar más de lo que probablemente podrían aumentar en impuestos y que para colmo en la mayoría de las ocasiones ese dinero gastado se gasta de mala manera.

Bloom considera inmoral que si bien son los políticos los que de manera irresponsable endeudan a los países, sean al final los contribuyentes ordinarios los que tengamos que pagar por ello.

La intervención que se proyecta en el video ocurrió hace alrededor de una década, pero no cabe duda que la reflexión y la crítica que hace no sólo es atemporal sino que está hoy más vigente que nunca sobre todo en México.  

Durante años, quizás décadas, sexenio tras sexenio, los políticos que estuvieron al mando de manera sistemática gastaron más de lo que el gobierno ingresaba o podía ingresar en impuestos.  

Hasta hace algunos años  digamos que ese déficit lo “campechaneaban”. Compensaban una parte con los ingresos petroleros y la otra restante con deuda.

Pero a medida que los ingresos petroleros bajaron o para decirlo de una manera más precisa, a medida de que Pemex dejó de representarnos ingresos como país y empezó a representar pérdidas, el gobierno se vio en la necesidad de pedir cada vez más deuda y paulatinamente empezó a subir los impuestos.

Lo peor es que, coincidiendo con el diagnóstico lapidario de Godfrey Bloom, en su mayoría esa deuda que se pidió se invirtió de mala manera.

Lamentablemente y aunque coincida con Bloom en que es inmoral que los ciudadanos comunes que pagamos impuestos tengamos que pagar por los errores y la irresponsabilidad de quienes nos endeudaron, la realidad es que no hay forma en que dejemos de hacerlo.  

Hoy 10 años después de esa intervención del político británico el mundo vuelve a enfrentar otra crisis, y no cualquier crisis sino la más grande de la que se tenga registro en un siglo.

Ese es el contexto que enfrentamos hoy como país en medio de la peor crisis económica mundial de la que se tenga recuerdo. Endeudados de manera irresponsable por gobiernos anteriores, con poco o quizás sin margen de maniobra para pedir prestado más dinero sin que tengamos que subir de manera estrepitosa los impuestos.