Por Félix Cortés Camarillo

Desde el mirador de la propaganda política, que le es tan grata al presidente López, la promesa empeñada a los padres de los 43 jóvenes desaparecidos en Guerrero hace seis años resulta altamente rentable. El asunto no se ha borrado de la memoria colectiva: no pasa lo mismo con el “dos de octubre no se olvida”; son dos circunstancias diferentes.

En la matanza de Tlatelolco, con todo y las confusas cifras que cada parte da del número de víctimas, el presidente Díaz Ordaz fue presto en asumir plenamente la responsabilidad de lo ocurrido. En la desaparición de los normalistas rurales de Ayotzinapa se conjugaron la cobarde actitud del presidente Peña y el desaseo de todas las investigaciones posteriores, en las que hubo ilegalidades, encubrimientos, mentiras y montajes. Sin olvidar las desafortunadas frases de la “verdad histórica” y la de “ya me cansé”.

Es necesario inferir que la promesa presidencial no se puede cumplir.

Se puede, desde luego, encontrar corderos para el sacrificio, fabricar culpables y cortar alguna cabeza que deje satisfecho al populacho, especialmente a los que han sacado raja política de la pena de estos padres de familia que siguen pidiendo lo imposible: recuperar vivos a los que se llevaron vivos.

Por eso es políticamente redituable el compromiso en Palacio Nacional del sábado pasado. Toda la culpa es de la administración anterior. Del Estado, dijo López Obrador, quien ahora tendrá que hacer reparación de daños y pedir perdón a los deudos; no sólo eso. El principal compromiso que hizo el presidente López y ratificó el procurador general de justicia Gertz Manero fue el de borrar de un plumazo la llamada verdad histórica y recomenzar las investigaciones “hasta sus últimas consecuencias”, como suelen decir los cursis.

¿Cuáles son esas últimas consecuencias?

Denunciar, perseguir y en su caso encarcelar y llevar a juicio a un par de altos funcionarios de la administración anterior y un par de docenas más de ejecutores de órdenes; yo no tengo idea si el gobierno tiene idea de dónde está Jesús Murillo Karam o el ex gobernador de Guerrero. De Tomás Zerón sé que sabe que anda muy lejos del alcance de la justicia mexicana.

Ese es el ejemplo y el tope de los corderos pascuales que este gobierno va a ofrecer a los ofendidos por Ayotzinapa: ni un puntito más arriba. Lo demás es pasado que ya pasó.

En una de sus definiciones del tiempo, Octavio Paz decía que el pasado no importa porque ya pasó y el futuro se está convirtiendo en presente justo en este momento. Obvio es que el hoy es lo único importante, aunque ya se está transformando en pasado. La supremacía del instante. Carpe Diem.

El presidente López sabe muy bien esto: por eso le saca al presente, al instante, todo el jugo político y propagandístico que pueda, aunque tenga que prometer un futuro indefinido.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, usted puede -y debe- seguir diciendo que no va a tener guardaespaldas. Usted tiene todo el derecho de hacer con la persona del ciudadano López Obrador lo que quiera, pero no puede poner en riesgo la integridad física y la vida del Presidente de México y de todos nosotros. Usted sabe muy bien de lo que son capaces los malos mexicanos. Cuídese.

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