Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Y cuando hay para carne, resulta que es cuaresma.” // Yomero

Como nunca antes en la historia política de Nuevo León, todos los aspirantes, de todos los partidos y los que no tienen partido, se encontrarán con la mesa puesta y sin nadie encabezando de verdad las preferencias del electorado.

Sí, muchos dicen y presumen y pregonan y festinan y publicitan, que son los “non pelustra” o la última cheve en el estadio, pero la realidad es distinta, nadie hoy puede ni siquiera anticipar un atisbo del resultado de los próximos comicios en el estado para la gubernatura y la inmensa mayoría de los municipios.

Todo se definirá en las campañas que serán la madre de todas las batallas y que, además, tendrán condiciones muy distintas a las de antaño por el tema de la pandemia.

Será el mensaje la clave para llegar a convencer a los electores más que la cara bonita, la publicidad engañosa o las promesas imposibles de cumplir. ¿Qué pueden ofrecer los candidatos? ¿Qué es lo que quiere la ciudadanía?

Sinceramente no encuentro un slogan atractivo que jale la atención y que cautive a los votantes, ¿qué se les puede ofertar cuando ya lo han escuchado todo y cuando están más que decepcionados de todos?

Como nunca antes el discurso será la base y tendrán que hacer de cada presentación una pieza de oratoria firme, contundente y principalmente convincente, que los haga ver como conocedores de los temas y que proyecte la certeza de que serán capaces de resolver los problemas que deberán enfrentar en tiempos de crisis económica y de monumentales retos.

No podrán guiarse por las simples encuestas para saber las necesidades de la población. La opinión pública es más voluble que nunca y aunque parezca extraño los requerimientos y necesidades cambian ya no de un sector a otro, sino de una cuadra a la siguiente y no se puede, como antaño, andar prometiéndolo todo, porque ese cuento la sociedad ya lo conoce muy bien.

Anclar la campaña en pilares fuertes con soluciones viables, convencer con la verdad y en base a un discurso que anteponga la verdad sin buscar crear falsas expectativas. La honestidad, no sólo de lengua, sino bien demostrada y proyectada en cada participación, cada entrevista, cada debate, será clave para granjearse la confianza y con ella el voto del electorado.

Saber definir y después desarrollar ese contenido, será el trabajo más importante de los equipos de campaña y lograr que cada aspirante lo exponga de manera convincente, el resto.

Lo demás del photoshop, los colores, los logotipos, las canciones y demás, pasarán a segundo plano.

Si nadie consigue lo anterior, entonces volveremos al esquema de que triunfe el que más votos mueva o más votos contenga, según la zona. Ganarán las lideresas mercenarias de siempre que se venden al mejor postor para acarrear votantes o para secuestrar credenciales y así sólo ellas ganan, porque los demás perdemos.

La mesa está puesta.

ftijerin@rtvnews.com