Por Jorge Narváez.

Al menos en Nuevo León, casi toda la actividad que genera la economía se reactivó, luego de meses detenida por la pandemia; aunque faltan pocos ramos del comercio por reabrir, también estamos a poco tiempo de volver a los estadios. No olvidemos que el futbol profesional también es un negocio, y un negocio millonario.

En el mundo hay pocas Ligas que han permitido aforo en los partidos, y los que autorizan la presencia de aficionados lo han hecho bajo una serie de estrictas reglas para evitar contagios. Una de ellas es la capacidad de acceso, la cual está limitada y condicionada a que cada aficionado esté separado con la famosa “Susana distancia”.

En México, la afición está desesperada por volver a la normalidad de cada 15 días, planear la visita al estadio, ponerse el jersey, ponerse de acuerdo con los amigos y otras actividades que engloban el ambiente del futbol. Pero ¿qué tanto están preparados? Porque no va ser igual que antes. El estadio no estará lleno, no se podrá convivir de manera cercana con otro aficionado. Con la obligación de portar el cubrebocas durante toda la estancia, eso puede tornarse algo tedioso, además incómodo, sobre todo para el comercio y el consumo de bebidas.

Ahora la Liga, y más allá de ella la Secretaría de Salud estatal, deberá imponer reglas, pero estrictas y que cumplan. Aunque por lo regular las directivas tiene su propia seguridad privada que hace casi innecesaria la presencia de supervisores que hagan su trabajo en los inmuebles deportivos.

Quien parece que estaba “desesperado” por la apertura en los estadios locales fue el diputado Paco Cienfuegos, que con su iniciativa dio una idea para tener organizado el acceso. Se trata de un sorteo de zonas de los estadios, y quien resultara afortunado sería quien tuviera la oportunidad de ver el partido a escasos metros de distancia. Sin embargo, es un hecho que los abonados siempre tendrán prioridad en el acceso. Pero son sólo propuestas. Lo que queda es seguir esperando a las indicaciones que determinen las autoridades y equipos para conocer el proceso de reapertura. 

Quien ya se prepara para eso es el estadio BBVA, que ya colocó calcomanías verdes en los asientos permitidos para que la afición de siente. Lo interesante es que habría oportunidad para sentarse junto a un acompañante.

Para la reapertura de estadios quienes tiene la última palabra son las autoridades estatales; y con justa razón, porque así debe de ser. Ni la Liga Mx ni la Federación de Fútbol tienen la capacidad para decidir cuándo volver a abrir los estadios. Son las secretarías de salud quienes llevan el control epidemiológico y solo esas dependencias pueden decir la última palabra. Estamos hablando de salud, y la Federación Mexicana de Futbol o la Liga saben de salud lo mismo que yo de los marcianos: nada.

Entonces, si el Gobernador del estado está comenzando a hablar de la próxima reapertura es porque el río lleva agua. Según la tendencia de reapertura de otros giros comerciales, estamos cerca de ver nuevamente público en estadios. Otra cosa es la decisión que tome cada aficionado de ir o no a ver el partido. Porque una cosa sí es segura: ni las empresas que controlan los estadios y lucran con ellos, ni el Gobernador, se van a hacer responsables si aparece un rebrote de Covid entre la afición, que se distribuiría fácilmente por toda el área metropolitana de Monterrey. El tema es delicado, y la Secretaría de Salud debería andar con cautela y decidir en este caso no tomando en cuenta sólo su “semáforo”, sino considerando que el futbol despierta pasiones y un gol, o su ausencia, es más que suficiente para desbordar las gradas. No hay que olvidar que el Covid 19 también juega.

Fotografía: Mexsport/ ONCEdiario

@SoyJorgeNarvaez