Por José Jaime Ruiz

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Escribe Gibrán Ramírez Reyes en Milenio: “Sin partido consolidado ni compromiso democrático de los actores, nos esperaría lucha de facciones desordenada, la competencia de billeteras, la despiadada confrontación de fuerzas de todo tipo, menos democráticas”.

La lucha de facciones llegó desde el fin de semana y un golpe a la institucionalidad del partido es la pretensión del diputado Porfirio Muñoz Ledo de tomar por asalto la dirigencia. Al gran calculador que ha sobrevivido a las presidencias del PRI, del PAN y de Morena, le falló el cálculo.

Porfirio se despide de su vida política no brillante, sino opacamente. Inclusive, sean ciertas o inciertas, ya están las denuncias de mujeres por acoso sexual en la misma sede del partido. Porfirio no podrá quitarse esas denuncias sexuales ni las denuncias políticas por ser un autoritario y no un demócrata.

Mario Delgado le va a ganar esta partida. Las pretensiones reventadoras no van a pasar, a nadie le convienen, ni siquiera a Claudia Sheinbaum. Las tensiones en Morena seguirán vigentes, pero a menos de que Porfirio incité a la violencia física, se resolverán.

El presidente Andrés Manuel López Obrador tomó distancia: “Hay otros movimientos que los hacen los ciudadanos sin los partidos, sin que los partidos sean la vanguardia. La transformación de México tiene que ver con los ciudadanos, no hay ningún partido que pueda sólo llevar a cabo una transformación”.

La 4T, para Andrés Manuel, es un movimiento ciudadano que trasciende a Morena. Aunque Morena se convierta de cara al 2021 en su Secretaría Electoral. Así las cosas, Porfirio Muñoz Ledo, por decisión propia, se ha convertido en un lastre para la 4T. La lógica política dicta que Mario Delgado se quede con la dirigencia del partido. Muñoz Ledo canceló su toma de protesta como líder de Morena, no tenía otra opción.