Por Verónica Malo Guzmán

En la duda arcana y terca,
México quiere inquirir:
un disco de horror lo cerca…
¿Cómo será el porvenir?
// Jaime Torres Bodet

¡Traigamos el penacho de Moctezuma! No importa que se destruya en el camino… igual que ocurre con todo lo bueno que toca la presente administración.

Tan frágil y hermoso objeto no aguantaría la vibración de un viaje, tampoco el uso demagógico que le daría la 4T.

Tal vez, dentro de unos 10 años, la ciencia descubra una forma para moverlo sin poner en riesgo su integridad. Pero eso será entonces y ocurrirá —si acaso— en Austria porque, a como disminuyen los presupuestos para la ciencia en nuestro país, ello no podrá resultar de la inventiva mexicana.

Total, el hecho es que el penacho que no es una cresta, que tiene latón y no oro y que no se sabe si perteneció realmente al gobernante mexica fue reclamado para México.

La idea es traerlo para la celebración de los 200 años de consumada la independencia, los 500 años de la llegada de Hernán Cortés a los dominios del imperio azteca y 700 de la fundación de Tenochtitlan.

En fin, más allá de la retórica populista, las políticas, la diplomacia y los seguros, el hecho es que es imposible traerlo.

Pero, un momento, ¿qué pasaría si sí se pudiera? Deberemos, entonces, cambiar —otra vez-—de ubicación y denominación al aeropuerto donde arribaría, y en lugar de hacer caravanas al objeto ese en un lugar propicio para la hispanidad, Santa Lucía, darle un recibimiento digno de un tlatoani mexica en un lugar llamado así algo como Texcoco

Ya llegado a la contaminada Ciudad de México, ¿se ofrecerían guerras floridas en su honor? Quizá solo bastaría llevarlo al Museo de Antropología e Historia. Aunque siempre cabe la posibilidad, claro está, que el habitante de Palacio quiera usarlo… ¿O preferirá hacerse un nuevo “quetzalapanecáyotl” que, en este caso, sería más bien un “gansolapanecáyotl”?

La otra opción es que llegara a las hoy tierras mexicanas por mar, rememorando aquellos viajes de hace 500 años. Y podría entrar por Dos Bocas, aprovechando que esta inundado. Luego, acercarse a la ruta del Tren Maya y hacer una suerte de ceremonia de sincretismo con los pueblos autóctonos de la zona. Para ello habría que olvidar que tal cosa obviamente NO sucedió en toda la historia de Mesoamérica pues México, como tal, no existía y a los mexicas les daba más bien —ellos sí— por exterminar a las civilizaciones vecinas.

El penacho demostraría también que hace 500 años se hacían cosas con tecnología de punta. No olvidemos que esta pieza era para cubrir al monarca de la lluvia y en su forja trabajaron los amantecas, reconocidos artistas del arte plumario. Con plumas largas de un metro 50 centímetros, el penacho la hacía de capa y podía cubrir a quien lo usara de la lluvia.

Sin lugar a dudas, Moctezuma estaría deprimido de saber que la ciencia y el arte han sido subyugados a presupuestos paupérrimos en lo que hoy es México. Al menos pediría que no se usase el penacho como capa por nadie que se autodenominara súper héroe nacional, ni que se hiciera una película con tintes propagandísticos.

Tal vez se les antojará organizar una nueva rifa/no rifa con el penacho; sería con fines recaudatorios y para comprar cualquier cosa que, obvio, no sean medicinas ni equipo médico. Y es que eso de los tratamientos, como dirían connotados personajes de la 4T, “en una de esas ni le servirían a los enfermos de cáncer”, además de que no llegarían a su destino porque siempre habrá un robo orquestado listo para afectar la imagen del gobierno en turno…

Entonces se les ocurrirá hacer un concurso para ver quién puede construir un clon del artefacto ese; poco importaría tener que retomar la tecnología obsoleta de hace 500 años para recrear cosas inútiles en lugar de crear cosas útiles para el presente y el futuro. Algo así como las carreteras artesanales de Oaxaca que presume nuestro actual tlatoani…

Tampoco importaría mucho que dicho concurso acabara con todos los quetzales (no olvidemos que dichas aves no puede volar sin sus plumas largas). No pasa nada. Sería solo agregar un elemento más al ecocidio que ya de por sí se está dando con la construcción del mencionado tren en la península de Yucatán.

Y ya que hicimos alusión a la palabra “comploj”, en lugar de entender la ciencia y lo peligroso de mover el susodicho penacho, YSQ no tarda en decir en su mañanera que todas estas y otras imposibilidades que coartan sus sueños se tratan de un sabotaje que ya alcanza proporciones internacionales.