Por Obed Campos

Andan muy preocupados allá por los límites de la Casa Blanca de Morena, dicen que empiezan a sentir un estruendo de tambores de guerra, dado que la lucha de Porfirio Muñoz Ledo se ha presentado como legítima y se avizora un contundente triunfo en la tercera encuesta que el INE ordenó por un “empate técnico”.

Agréguele usted a este guiso la mala sazón de los pésimos resultados de Morena en las elecciones de ayer en Coahuila e Hidalgo, donde les dieron una bailada.

Por eso son muchos los que dentro del “partido oficial” dicen que no hay mejor perfil para tomar el mando que aun representa López Obrador en Morena que Porfirio Muñoz Ledo, puesto que su perfil está curtido en la libertad por la democracia, por la mano dura y por el talento aunado a la inteligencia política, una combinación perfecta que permitiría al partido del presidente salir avante en el 2021, primer gran tarea que como gobierno y partido en el poder debe superar.

La carrera de Porfirio no es corta: casi 70 años de actuación política, en los que ha logrado lo que muy pocos en México, lo que le ha acarreado la envidia de propios y extraños… Y ahí es donde se entiende la mezquindad de la oposición a su arribo al timón de Morena, llamado presidencia de Morena.

Los apellidos de Muñoz Ledo se traducen en liderazgo, no por nada fue presidente del Partido de la Revolución Institucional y posteriormente tomó las riendas del Partido de la Revolución Democrática.

Los que saben de política en el país, ven que Morena cruza por el mismo escenario, del PRI y del PRD, donde politiqueros buscan ascender al poder sin ninguna trascendencia política, esos “amigos del partido” que se autoproclaman fundadores y líderes, y que no son más que advenedizos.

Insisto, los que saben de política mexicana me comentan que lo que menos necesita Morena en estos tiempos, es cargar con esos egos. Vaya, el partido del presidente no necesita (ni merece) que la canallada política tome el poder, y hoy por hoy necesita una mano fuerte, dura, centrada e inteligente, esa que logre ser más que el partido del presidente, una que regrese la libertad a un Movimiento que se vislumbra como perdido de seguir por ese mismo sendero.

Los acólitos de Muñoz Ledo dicen que no hay tiempo que perder y que de algo deben servir los 70 años de experiencia de quien ellos dicen, representa la prosperidad del propio sistema, porque creció luchando por la democracia y hoy busca rescatar a un partido que se ha sumido en su propia podredumbre. Un gran reto se aproxima para Porfirio.

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