Por Carlos Chavarría

El lamentable espectáculo que recién nos dieron los diputados federales nos enseña  en todo su esplendor el más absoluto analfabetismo funcional, y sólo fue una pequeña muestra del sistema político mexicano.

El sistema estado-nación mexicano opera como reloj, pero como uno del siglo pasado, donde los engranes se mueven de acuerdo a preceptos que ya no caben dado los problemas que nos aquejan.

El sistema tiene todos sus elementos organizados, con reglas y tiempos, existen procesos bien definidos para cada circunstancia o situación. Toda la confianza ciudadana descansa en que esperamos que el  sistema sea previsible gracias a ese orden, y por principio suponemos que su diseño es para que sucedan cosas buenas al menor costo transferido posible.

Cada tres o seis años ocurren elecciones y a los tres poderes, se supone que  deben llegar  los mas preparados para la tarea pública encomendada, pero no es así. En la teoría el sistema debe operar pero en la práctica , lo fortuito, los intereses de algunos y las ocurrencias presidenciales le dan al traste al orden de lo diseñado en el pasado, sucediendo una especie de reinvención  de todo o alguna parte de nuestra praxis ya insertada en los procesos.

Si bien es cierto que las ideologías y programas partidistas deben ser organizados en bancadas, tratándose del interés de que ocurran cosas buenas, la negociación debe orientarse para ello como imperativo y no por  inercias sin sentido o fondo real de beneficio, como abundan en estos tiempos.

Poco a poco van llevando al país  de nuevo hacia el mismo modelo de gobernanza del pasado del que siempre quisimos escapar: la hegemonía de un solo hombre. 

A pesar de que el presidente asegure que ellos son diferentes, MORENA, a pesar de estar integrado por personas de todas las ideologías y grupos que abjuraron y aun participaron de las luchas para llegar a la democracia como la conocemos hoy, cada vez exhibe con mas crudeza y claridad su mas rancio fondo priísta.

A pesar de que ya es inoperante y muy costoso el solo suponer que regrese un sistema como el viejo PRI, que no era mas que uno de tipo feudal, toda la clase política esta ansiosa de volver a plegarse a la voluntad presidencial por mas daño que esta le cause el país.

En los tres niveles de gobierno y los tres poderes vuelve a instalarse el “lo que usted diga Sr. Presidente”, la política de  “la línea”, el discurso pleno de mentiras, el clientelismo, el “error de vivir fuera del presupuesto”, la oposición que a todo se acomoda como paleros del sistema, y todo lo que fue usado para sacar al “PRI de Los Pinos”.

Claro que todo esto está sucediendo en un mundo con 100 años de avance y consolidación pero nuestros políticos no quieren verlo ni aceptarlo en tanto el presidente no lo ordene.

Que exista analfabetismo político en la sociedad no es nada nuevo, es uno de los cimientos del sistema político mexicano, inventar una historia y entregar una educación sin crecimiento intelectual, pero que sean los mismos diputados los  que lo encabecen es abyecto, tal como lo fueron todas las cámaras legislativas de la época del viejo PRI.

Las voces de la oposición, izquierdas y derechas impolutas, que tanto prestigio le dieron a la lucha democrática  ahora se apoltronan en sus curules para servirle al presidente mostrando su enanismo cómplice, y lo hacen en la peor época, cuando la sociedad de verdad necesita de gigantes morales que la defiendan del terrible derrotero en el que vamos cayendo.