Por Francisco Tijerina Elguezabal

“No me asusta morir “un día”, me asusta morir hoy.” // Aleksandr Solzhenitsin

Tal vez sea la prolongada cuarentena, pero de un tiempo acá he podido advertir una creciente intolerancia a cualquier idea u opinión en contra de buena parte de las personas, sin hacer distingos de sexo, estudios o posición económica.

Una sociedad mucho más irascible y propensa a reaccionar de forma violenta a un simple comentario. Incluso en las redes sociales como que el humor se ha tornado mucho más ácido y bastante más negro.

Ayer, sólo por citar un ejemplo, los propietarios y empleados de salones de fiestas infantiles organizaron una protesta afuera de la Secretaría de Salud para exigir la reapertura de sus negocios.

Uno puede entender la desesperación de no ver ingresos durante siete meses, pero también es necesario darse cuenta de cómo va el tema de la pandemia y el por qué las autoridades de salud se niegan a otorgar el dichoso permiso.

No es un asunto, como muchos comentan tras un seudónimo en medios y redes, “de llegarle al precio al gobierno”, sino de una auténtica preocupación por el tema de los rebrotes y el alza observada en los últimos días en la ocupación hospitalaria.

Pero hay gente que no ve lo obvio y que se enreda en la bandera para tirarse de lo más alto de un edificio -el Congreso del Estado por ejemplo- ofrendando la vida para que los salones de fiestas infantiles reabran sus puertas.

¿En qué diantres estará pensando la diputada Mirna Grimaldo cuando sube a tribuna y propone emitir un exhorto al Gobierno para que vuelvan a abrir estos negocios?

¿Es que no ve? ¿Es que es? ¿O es que se hace?

Uno puede comprender la molestia y encabritamiento de los dueños de esos negocios, pero jamás la irresponsable actitud de una diputada que buscando quedar bien con un grupo de quejosos, propone poner en riesgo a una parte importante de nuestra población, como lo son los niños.

No hay de otra: a cuidarnos.

ftijerin@rtvnews.com