Por Obed Campos

Del presunto extorsionador muerto, Odoney Ismael Balderas Teutli, de 40 años, se supo que contaba con antecedentes penales, casi casi por el mismo delito de extorsión.

De su asesino, Junior “N”, lo poco que se sabe es que trabaja como parrillero en el negocio a donde Balderas Teutli llegó a cobrar la cuota de piso, amenazante y prepotente, como les gusta a esta clase de bandidos, y con el celular en modo manos libres y a todo volumen.

Odoney Ismael se cansó de amenazar a los empleados del asador de pollos, quienes le dijeron de todas las maneras posibles que no tenían la cuota y que el patrón no se encontraba.

Quién sabe qué sentimientos pasaron por el corazón y la cabeza de Junior, cuando accionó el revólver y mató al supuesto representante de la delincuencia organizada.

Que el parrillero siga su proceso en libertad, es de por sí un triunfo de la legislación moderna y civilizada, a la que todos los mexicanos debíamos de tener derecho.

¿Cómo hacer para que se acaben de una vez por todas todos los cobradores de piso, que en la mayor parte de los casos resultan ser más que pájaros nalgones?

No hay suficientes policías ni soldados en el país para ampararnos a todos y a todas al mismo tiempo.

Que la autoridad nos otorgue el derecho a la legítima defensa, es lo mínimo que se espera, insisto, de una sociedad que dice de sí misma que es parte de la civilización y la modernidad.

Lo demás, es una mala película del Viejo Oeste, de las que se filmaban en México.

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