Por Félix Cortés Camarillo

…vengo a rogar con mi copioso llanto…

Oscar Chávez, Tristísimo Panteón

La pandemia del Covirus y sus extensiones ha propiciado en México una serie de posturas demagógicas lamentables. El subsecretario favorito del actual régimen, el doctor López-Gatell, ha sido uno de los beneficiarios principales de este desfase informativo. Su verbo confuso y retorcido, adornado por una mezcolanza de cifras revolcadas nos ha mandado el inequívoco mensaje de que no tiene putañera idea de lo que está hablando. Ni de lo que está pasando con la salud de los mexicanos.

Mientras que por doquier hay bodas, bautizos, convivios y puterías en los que no hay ni cubrebocas, distancia prudente o lavatorio de manos, se prohíbe que los mexicanos acudan a los estadios a tomarse una saludable chela y a ver a sus paupérrimos equipos de futbol hacer el ridículo. Ya no se diga de los teatros, que siguen vacíos lesionando los ingresos de actores, directores, utileros, iluminadores y oros oficios que dependen de una actividad que sigue en peligro con la imbécil decisión de acabar con los 109 fideicomisos, que se lleva entre las patas al que protege a las víctimas de los desastres naturales.

La próxima semana el calendario marca que los mexicanos debemos recordar a nuestros muertos.

No es una festividad extensa. Hasta donde yo estoy enterado, los mexicanos somos los únicos que consideramos a la muerte como una parte integral de la vida, su complemento y justificación y no como una estación final del transcurso, sino como una estación más de un camino que no tiene final.

Los burócratas de la pandemia actual han decidido cerrar todos los panteones del país a los deudos que año con año van a meditar, conversar y convivir con sus muertos en el panteón. El pretexto es la sana distancia para impedir el contagio del Covirus 19.

Nada más falso. El dos de noviembre, cada tumba en todo panteón mexicano, convoca a seis o siete miembros de una misma familia, que por lo general viven en la misma vivienda y han tenido ocho meses de oportunidad de contagiarse: no hay ni besuqueos ni escupitajos, ni contacto con las tumbas vecinas.

Toda la política de comunicación en los tiempos de la pandemia ha sido fallida. Demagógica y falsa. Ante la incapacidad del gobierno de enfrentar la pandemia con inteligencia y eficacia, se trastornan las cifras de los infectados, los hospitalizados y los muertos en aras de disminuir las efectos del mal.

Ahora se cierran los panteones en una franca ofensa a las tradiciones culturales de los mexicanos.

En eso andamos.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿Recibió el mensaje de Coahuila e Hidalgo? Porque vienen más, afortunadamente.

‎felixcortescama@gmail.com