Por Félix Cortés Camarillo

Hoy el noble y el villano

el prohombre y el gusano

bailan y se dan la mano

sin importarles la facha…

Joan Manuel Serrat, La Fiesta

Desde la noche de anoche a España se le acabó la fiesta.

Pedro Sánchez Pérez-Castejón, el presidente del gobierno, hubo de convencer a las dispersas pandillas que integran la coalición que manda, de decretar un estado de alerta, que establece el toque de queda para “lo no esencial”: nadie puede, en teoría, salir a la calle entre las once de la noche y las seis de la mañana. Y esta medida seguirá en pie hasta el mes de mayo del 2021.

España está pagando la torpeza de sus dirigentes, que en los inicios de la pandemia no tomaron las medidas restrictivas a las que ahora acuden, y demasiado pronto cedieron a las presiones lógicas del desempleo y la crisis económicas, permitiendo la cercanía perniciosa, los bares y restaurantes abiertos.

Las medidas que ayer se anunciaron se asemejan a las adoptadas por el gobierno mexicano: se prohíbe prácticamente todo, pero serán las autoridades autonómicas las que definan la letra pequeña. Algo así como los semáforos para cada estado mexicano o para cada municipio o región en nuestro país.

Tampoco se establece -como aquí- las medidas punitivas para los que no respeten los principios de sanidad que todos entendemos pero que muy pocos respetan, como la mujer que escupió a la cara a un pasajero del transporte público porque le reclamó el que no llevara el cubrebocas.

Esa lenidad de las autoridades es lo que propicia la indisciplina y la desobediencia social. También las propicia la confusa, escasa y falsa información que las más altas autoridades mexicanas difunden, de maneara contradictoria, sobre la condición contagios, enfermos, hospitalizados, camas y muertos por el Covid 19.

No nos queda más que pensar que si no cambia esa actitud irresponsable y criminal, a los mexicanos se nos va a acabar, muy pronto, la fiesta.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿tiene usted -o alguno de sus cercanos- intereses económicos en la explotación del carbón en las cuencas del Norte? Sólo así se explica la terquedad en aferrarse a los combustibles fósiles que el mundo entero está abandonando.