Por Félix Cortés Camarillo

Yo como tú, también fui peleonero

Yo como tú, también fui re hablador

Pero una vez me puse con “el güero”

Y ya lo ves, se me acabó el rencor

Chava Flores, Pichicuás

El afán ultranacionalista del presidente López le está llevando a posiciones tan pueriles como lo que cuenta Chava Flores en su canción, de cuando Pichicuás y Cupertino se pusieron las canicas a jugar; Cupertino le hizo trampa, Pichicuás le exigió la reparación del daño, y los dos chamacos acabaron a trompadas. Pichicuás tenía razón, pero en el mundo de los muchachos no tenía derecho. Cupertino pudo argüír que lo cáido, cáido o que Matanga dijo la Changa.

Más o menos lo que pasa en el mundo de la política mundial.

El Papa ya le mandó decir al presidente López que no le va a “prestar” el Códice prehispánico de México que exhibe en los museos Vaticanos, y el gobierno de Austria no va a proporcionar por un año en préstamo el supuesto penacho de Moctezuma que tiene desde hace siglos su casa en el museo de las culturas de Viena.

Los argumentos son válidos; si prestan las piezas que tienen, no las van a recuperar nunca. La ley mexicana prohíbe que salgan esas piezas valiosas de nuestro territorio. Ante esas posturas, el presidente López anunció ayer que enviará una iniciativa a Naciones Unidas para que todos los países que tienen en su posesión y en sus museos piezas arqueológicas y de arte, que han sido generalmente adquiridas mediante el saqueo y el pillaje sean obligados a devolver esas piezas a sus países de origen.

Si esto fuera posible, el museo Pergamon, de Berlín, se quedaría prácticamente vacío: su principal acervo tendría que ser retornado a Babilonia; bueno ahora Babilonia está en Irak, o a Egipto y Grecia. Imagine usted que el Louvre tuviera que regresar a Grecia toda su colección de mármoles -entre ellos la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia- y de pasadita el Obelisco que está al comienzo de los Campos Elíseos a Egipto, la Mona Lisa a Italia y la Hilandera de Vermeer a los países bajos. El Museo del Prado tendría que devolver todos los cuadros de Van Dyke o Brughel a lo que fue Flandes.

Ya entrados en gastos, el museo de Arte Moderno de Nueva York debería regresar su colección de pintura impresionista a Francia.

Es verdad que gran parte de la riqueza de los museos de Europa provienen del botín de guerra que la Alemania, la Francia, la España de los siglos pasados recogieron en sus intervenciones imperialistas: nadie duda de esto. Lo que pasa es que el tiempo no tiene palanca de reversa y ya lo pasado es pasado.

No podemos como país, ni el presidente López como jefe de Estado ponernos a la altura de dos chamacos jugando a las canicas para acabar a las trompadas.

O ¿le vamos a declarar la guerra al Papa, como se usaba hace cinco siglos?

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿usted cree que se puede pelear todos los días con las cifras, se trate de la energía renovable, los infectados de la pandemia o cualquier otro tema porque usted tiene otros datos?

‎felixcortescama@gmail.com