Por Eloy Garza González

En política, el que tiene más saliva, traga más pinole. Y un viejo político de Tlaxcala decía que la política se hace con “pulque y saliva” (y cuetes de feria, añadiría yo). El Presidente Lázaro Cárdenas llevó a su gobierno estás dos máximas y las volvió política pública. ¿Cómo? Dividiendo a la nación en sectores, grupos y compartimentos estancos. Para que el mandatario los oyera, cada grupo o sector tenia que ponerse a ensalivar: el que más babeara, más apoyo recibía… o mas promesas (que muchas veces valen lo mismo que los apoyos).

Claro está, en esta política sectorial, o corporativa, no se podía esperar que los sindicatos hablaran de armonía empresarial; exigían aumentos salariales, pago de horas extras y conquistas obreras.Y hacían bien.

Las cámaras patronales, por su parte, hablaban de créditos blandos y exenciones fiscales y hacían bien (digan lo que digan, el general Cárdenas siempre las trató con respeto). Así, cada sector buscaba el máximo beneficio gremial. Y hacían bien. Sus presiones no les quitaba el estatus de ser mexicanos. En este juego de rompecabezas, las piezas se creían autónomas pero el Presidente se encargaba de armar la figura completa. Para eso lo habían electo (así lo aprendí de Arnaldo Córdova, papá de Lorenzo, el del INE).

Dicen que la fórmula corporativa se la copió Cárdenas a Mussolini (por eso andará tan de moda Mussolini en estos días). Quién sabe. El punto es que nos funcionó a todo dar (hasta Charles de Gaulle nos la quiso copiar para Francia y Perón nos la fusiló chambonamente para Argentina). Y en esta división de intereses, de grupos y sectores, también debieron entrar las entidades federativas. Los nuevoleoneses no somos menos mexicanos si pedimos más participaciones federales a cambio de los impuestos que nos quita el centro. Tampoco los tapatíos, ni los chihuahuenses. De nuevo, el que tiene más saliva, traga más pinole.

Lo que el Presidente Cárdenas no hubiera permitido, eso sí, es que un gobernador como Enrique Alfaro, dijera que dejaría de ser mexicano, por salirse del pacto fiscal. Eso lo intento hacer con las armas Saturnino Cedillo en San Luis Potosí, durante el mandato de Cárdenas y le fue como en feria. Fue la última revuelta sofocada de la Revolución.

Lo que no se vale es que cada sector, cada estado, cada partido, haga sus encuestas para legitimar sus demandas. Para eso no sirve la encuestitis. Así como no debe preguntarse al pueblo si quiere aplicar justicia a un ex mandatario, tampoco se puede preguntar al pueblo si quiere formar su propio país (o sea, salirse del pacto fiscal).

Yo soy de Nuevo León, y quiero más dinero público para Nuevo León, aunque se lo quiten a Oaxaca o a Chiapas. Mi demanda es muy válida. Pero en vez de soltar amenazas como Alfaro y los demás federalistos (que no federalistas), sentaría a ecónomos, expertos fiscales y constitucionales para hacer unos cálculos que me proyectaran más participaciones para mi entidad. Quitándole ahí y poniéndole allá. Con eso presionaría al poder central.

Pero tan mal está ahora el giro como el colorado. Si Alfaro se mete a pelear con AMLO, sin mostrar cifras ni datos duros, acabará por meterse en una nopalera. Y si AMLO se empecina en no recibir a todos los representantes de los Estados y sectores, para negociar cosas que no le gustan (como hacía el Presidente Cárdenas un día sí y otro también con liberales, conservadores y neutros en Palacio Nacional, aunque le cayeran gordos), nunca podrá armar el rompecabezas del país. Y acabará siendo un triste y pálido reflejo de mi legendario general. Él sabrá.