Por Félix Cortés Camarillo

Hoy me ven de cantina en cantina

Huerfanito cual pluma en el aire…

Los Alegres de Terán, El Hijo Ingrato

Una de las más notables características de la metodología, del modo de gobierno del presidente López, es su asombrosa capacidad para simplificar las cosas. De manera particular, su habilidad para restarle peso a los asuntos que le son adversos en la conducción del país.

Una de las manifestaciones más notables de esa capacidad de maniobra es el manejo de las cifras de la pandemia más grave que nuestro país ha padecido. No solamente los números son vagos, inciertos, poco creíbles: son también contradictorios. De esa forma, nunca estuvimos tan bien como ahora que estamos tan mal. El número de fallecidos -el número oficial, claro- ha disminuido aunque oficialmente se acepte que el número de contagios, que ya había llegado a una meseta hace meses, siga en aumento.

Pero la fórmula se aplica a cualquier campo. La evasiva es un recurso al que se acude pocas veces, porque el presidente de México no puede admitir que no está enterado de lo que se le pregunta. Solamente cuando no tiene preparada una bala para disparar una respuesta radical “no, eso no es así”, puede arriesgarse a confesar que “no tengo información de ese caso”.

De otra forma, la reacción es brusca, agresiva, ruda. Ayer rechazó rotundamente la posibilidad de reunirse con los gobernadores de importantes estados del país, aunque todos lo son, para discutir los recursos que la federación le está pichicateando a Chihuahua, Coahuila, Colima, Durango, Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Nuevo León y Tamaulipas. El más vocal de los gobernadores de esta llamada Alianza Federalista, el gobernador de Nuevo León, señaló la imposibilidad de seguir con el pacto federal que hoy existe.

El presidente, cuyo deber es la conciliación, el diálogo, la concertación y la vocación de ser el presidente de todos los mexicanos, fue tajante ayer por la mañana: no pueden romper el pacto federal. Tendrían que modificar la Constitución y eso solamente lo puede hacer el Congreso.

Es verdad que los gobernadores rebeldes están acudiendo a la ventanilla equivocada; los fondos los maneja la Secretaría de Hacienda y el presupuesto de ingresos y egresos lo discute uno la Cámara de Diputados y el otro la de Senadores. Pero los gobernadores, que no son nuevos en este asunto, saben muy bien que en el Congreso no se mueve la hoja de un árbol sin la voluntad del Señor. No se diga ya de Hacienda, que es una dependencia del Poder Ejecutivo.

Pero ese es un tema de burocracia: el hecho real es que el presidente López conduce el país como un rebaño de borregos dóciles o como una familia de las de antes. De esta forma, los gobernadores de la nueva alianza son ovejas descarriadas, hijos desobedientes, o peor aún hijos ingratos.

Técnicamente, los gobernadores no pueden romper el pacto federal. Pero su actitud y, sobre todo, la respuesta del presidente López nos está diciendo a los mexicanos que hay una fuerte fractura entre nueve o diez gobernadores de estados pesados y el presidente, que debiera ser un factor de unidad y no de divorcio.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿ Qué pasó con las denuncias del señor Emilio Lozoya Austin, con el avión presidencial, con el huachicol? ¿A poco ya se le olvidaron?

‎felixcortescama@gmail.com