Por Jorge Narváez

Las barras en el fútbol han sido criticadas por años debido al comportamiento violento que han protagonizado en las gradas, pero ¿por qué no le ponen atención y tratan de mejorar el entorno?

Sí, tienen muchos puntos en desventaja, pero siempre que se trata de hacer ambiente y de apoyar al equipo, ellos son los primeros en estar presentes… Bueno en algunas ocasiones, muy pocas, también son los primeros en desaparecer.

Las riñas al interior y exterior de estadios han marcado negativamente este movimiento que, pienso, fue formado espontáneamente y favorecido por los clubes para aportar ese “color”, ese espectáculo y para mejorar el ambiente en el fútbol. Se goza cuando loa aficionados comienzan a entonar los cánticos, gritar los goles, organizar las caravanas, hacerle el pasillo al equipo cuando llega al estadio. Verdaderamente es una fiesta, pero a veces los ánimos se calientan y son ellos mismos que generan provocaciones o caen en ellas, terminando por echar a perder todo lo construido.

Debido a los casos violentos, como el ocurrido en la avenida Aztlán en donde quedó moribundo un aficionado de Tigres, se han presentado muchos intentos para eliminar estos grupos que también se les ha denominado “De animación”, pero ¿por qué no han prosperado esos intentos? Es un misterio que no ha sido revelado, pues los directivos de los equipos tienen la respuesta bien guardada.

¿Qué pasaría si mejor se aplica una campaña para mejorar el ambiente desde adentro de ese grupo? Así el “color” dentro del estadio seguirá siendo un atractivo más para el partido. Pregúntenle a los jugadores si no extrañan a las barras y a la afición en general.

Libres y Lokos cumplieron 22 años de historia. Ellos han sido una pieza clave en los partidos de Tigres porque, aunque no lo crean, el aficionado en las gradas sí intimida con su fiesta al rival. Estas barras locales crean eventos para convivir y apoyar al equipo. Los jugadores son acogidos mejor al notar la cercanía de la afición, y esto no se ve en todos los clubes. Esa atención provoca que el jugador lo pase mejor en la ciudad, sobre todo un extranjero. Un ejemplo muy claro es el caso Gignac.

A este tipo de movimientos se le puede sacar mejor provecho, ayudar a cambiar el concepto de “barra brava”, pugnar por una bravura militar, honorable, y no salvaje. Los jugadores, pero sobre todo los clubes, reciben todo tipo de beneficios de la afición organizada. Es momento de que sólo correspondan con goles o decepciones. La pandemia ha causado ausencias en los estadios. Es un buen momento para reconocer que hacen falta y hay suficiente tiempo para replantear la relación de directivas y aficionados, creando una dinámica que, ahora sí, haga que el término “la mejor afición de México” sea algo más que una frase hecha en voy de los cronistas deportivos.

Fotografía: Mexsport/ ONCE Diario

@SoyJorgeNarvaez