Por Francisco Tijerina Elguezabal

El secreto de la educación es enseñar a la gente de tal manera que no se den cuenta de que están aprendiendo hasta que es demasiado tarde. // Harold E. Edgerton

No sé si sea el efecto de una política de encono y odio promovida por Andrés Manuel López Obrador desde su llegada a la Presidencia, pero lo que sí sé es que de un tiempo a la fecha los mexicanos somos, en términos generales, mucho más intolerantes en todo y por todo.

La actitud se refleja en la vida diaria, en el trabajo, las relaciones, aunque principalmente en las redes sociales en las que sin límite alguno muchas personas expresan con una rabia inaudita su confronta añadiendo una serie de insultos, agravios y maldiciones a las que, perdón, no estaba acostumbrado:

No me espanto ni me asusto, estoy acostumbrado a decir “malas palabras” y las utilizo con demasiada frecuencia, sin embargo sé cuándo y cómo hacerlo, pero en las redes sociales no hay límite ni fin y eso me asombra.

Me sorprende la nueva dimensión de la “opinión pública” o lo que pretende serlo a través de la trampa de los falsos seguidores comprados en un algoritmo para aparentar un éxito que no es real.

Hace unos días una persona tuvo la osadía de criticar los productos y el servicio del restaurante que acaba de inaugurar Poncho de Nigris, el ”¿actor, conductor, influencer” regiomontano.

Cuando pagas tienes derecho de expresar tu opinión y sentir y esa crítica debería servir al dueño del lugar a mejorar, pero en el caso de De Negris los señalamientos de su mala comida y su pésimo servicio se convierten en un ataque al que responde de la única forma que sabe hacerlo: con violencia.

A los señalamientos por la infame forma de servir y atender su restaurante Poncho repelió enviando a su ejército de “bots” pagados a cuestionar las críticas con un montón de insultos y agravios hacia quien, legítimamente y con pleno derecho, cuestionaba su operación.

Grave la actitud de De Nigris, pero no deja de ser un reflejo fiel de un país que ha sido orillado por sus autoridades a vivir en medio de la confronta, que no entiende otra manera de ser que el “estás conmigo o contra mi”, pero que debería cambiar su discurso por métodos y valores en los que se priorice la unidad, el diálogo y sobre todo la argumentación.

Es una pena que un personaje público como Ponchito de Nigris no sea capaz de entender la crítica y siga comportándose, a sus casi 40 años, como cuando era un chamaquito que todo lo pretendía resolver a golpes.

Nunca creció, porque le hizo falta educación.

ftijerin@rtvnews.com