Por Carlos Chavarría

De todo el circo que se traen por allá en los EEUU con su “democracia ponderada” es rescatable, entre muchas cosas por supuesto, otro más de los problemas del presidencialismo: el sometimiento aquí y allá de las políticas de Estado a la “opinión presidencial” de turno y sin debate.

Lo más complicado es volver a realinear las políticas públicas de EEUU y México dado que Trump desarmó las posturas norteamericanas en diversos temas, todos de gran importancia para nosotros y el mundo.

México siempre ha sabido mantener un casi paralelismo no conflictivo con la orientación de los libros blancos sobre políticas publicas (por ejemplo, véase liga de la política pública sobre seguridad nacional de Trump: http://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2017/12/NSS-Final-12-18-2017-0905.pdf) adoptadas por las administraciones norteamericanas.

Ahora será un caso especial debido a lo errático de las acciones de Trump y la poca claridad en las definiciones de la administración actual en nuestro país.

De los muchos golpes de timón que hizo o intentó hacer Trump, uno de ellos fue abandonar el Acuerdo de París formulado para mitigar los efectos del cambio climático.

Trump como presidente sacó a los EEUU del acuerdo y Biden, el candidato demócrata a la presidencia, ofrece que dentro de 77 días él volverá a meter a ese país en el marco de lo que ya se había firmado y que Trump abandonó.

Esos bandazos son muy comunes y más cuando se concentra todo el poder en una sola figura de gobierno y arrastran con cualquier política de Estado que ya se hubiera adoptado por sus predecesores.

El Estado son todas las instituciones que conforman los mecanismos y aparatos que le dan estabilidad en el corto, mediano y largo plazo a cualquier nación, entre otros, están las leyes y acuerdos multilaterales en los que en su momento el Estado concluyó que debía aplicarse tal o cual política pública.

 El gobierno no es más que una organización de personas que operan para que el Estado mantenga su marcha dentro de las leyes.

Por supuesto que al adoptar cualquier política pública habrá costos y beneficios que recaerán o recibirán grupos de personas y cuyos intereses podrían o no verse enfrentados contra el beneficio del país en su conjunto.

En el caso de las políticas públicas frente al cambio climático, es muy evidente que Trump favoreció los intereses de la producción de energía a partir de combustibles fósiles habida cuenta de que los EEUU son ahora un exportador neto de petróleo y gas.

Por accidente o planeado, el gobierno mexicano se alineó con las políticas públicas de Trump en esta y otras materias y ahora que se empieza a perfilar, según lo expresado por el ahora presidente electo de EEUU, el regreso a lo que ya estaba acordado, México se encontrara de nuevo ante la disyuntiva de volver a cambiar en temas de energía, clima, migración, crimen organizado, narcotráfico, etc., porque Biden piensa diferente.

Muy pronto veremos cómo cambia el discurso del presidente de México y se empieza mover más hacia la centro derecha  y hará a un lado su fuerte inclinación hacia el “transferismo”, la agresión hacia el sector privado y a la pasividad que tanto aprecio le tiene López Obrador en otros temas como el narcotráfico .