Por José Jaime Ruiz

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El PRI medinista sufrió su primera gran derrota antes del 2021. Su dirigente nacional, Alejandro Moreno “Alito”, tuvo que ponerse de rodillas ante los panistas locales y ante los industriales de Nuevo León encabezados por el Grupo Alfa: Álvaro Fernández, Armando Garza Sada, Kana Fernández, Mauricio Fernández; añádale a Fernando Canales Clariond y, en ausencia, Alejandro Junco, dueño del periódico El Norte. “Alito” poco obtuvo o nada.

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Hacer público el contubernio vergonzoso de los políticos del PRI y del PAN con los ricos de Monterrey. Como frecuentemente dice Andrés Manuel: ¡Fuera máscaras!

Como lo han señalado muchos panistas (no los de la Vieja Cúpula, obvio), esta alianza favorece al PRI medinista y desfavorece al PAN. Cada vez está más lejana la coalición y si el PAN tiene una alianza, será solo con el PRD, lo demás parecen ilusiones desgastadas.

El PRI medinista está ofreciendo demasiado. Hasta ahora la coalición entre el PRI y el PAN no va. Los medinistas ya entregaron la cabeza de Adrián de la Garza, ofrecen en sacrificio a Cristina Díaz y Guadalupe; también, si pudieran, a César Garza Villarreal y Apodaca, pero César, a estas alturas, se ha colocado como el único candidato priista con posibilidades de encabezar una posible alianza, es intocable o, al menos, se blindó.

Ayer no se pusieron de acuerdo en el reparto de gubernatura, alcaldías y distritos. Es improbable que lo no logrado ayer, se logre hoy. Hay muchas tensiones y la militancia dura de los dos partidos no perdonará este matrimonio de conveniencia. El panismo duro se iría con Movimiento Ciudadano y el priismo duro con Morena. Los panistas no olvidan que el PRI les arrebató en 2018 Guadalupe y Monterrey, ¿cómo dormir con ese enemigo siendo extraños compañeros de cama?

Ahogado en sus propios errores, el PRI medinista requiere un salvavidas pronto, sobre todo de color azul. El problema para muchos priistas no es una coalición, sino quién la encabeza: Rodrigo Medina jugando cada domingo golf en Las Misiones. Ildefonso Guajardo y César Garza Villarreal podrían dejar de ilusionarse con ser candidatos de una coalición cada vez más lejana. El PRI medinista, de la mano de “Alito”, ya las dio sin que se las pidieran (“para cruzar el Rubicón se debe poseer un don de la traición que no está al alcance de cualquier político”) y, lo peor en estos casos, es que el de enfrente se las rechace. Para el PAN de NL el PRI medinista no suma, resta. Ya lo entendieron.