Por Félix Cortés Camarillo

Circula en las oficinas desde donde salen los trascendidos, que luego inquietan a tantos al aparecer en los diarios, que el discurso que hoy pronunciará a nombre del gobierno federal el General Secretario Luis Crescencio Sandoval González en la conmemoración oficial del aniversario número 200 del inicio de la Revolución Mexicana es notablemente diferente del que escribió la semana pasada, apenas se enteró de que el honroso encargo de hablar en la fecha había recaído sobre él.

Por un protocolo nunca escrito pero siempre respetado, el secretario de la Defensa Nacional somete al conocimiento del Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas el borrador de todo discurso que habrá de pronunciar en público. No son frecuentes los discursos del secretario de la Defensa: los de verde olivo no son tan proclives al verbo florido o los sonoros ditirambos.

Dicen los chismosos que el discurso que había preparado Sandoval González exponía con sencillez y decoro, pero con claridad y tristeza, el ambiente de suma molestia que provocó en un amplio sector de mandos militares el caso del general Santiago Cienfuegos Cepeda; primero la detención del ex secretario de la Defensa más reciente por parte de la DEA en el aeropuerto de Los Ángeles, California. Sin embargo, caló más hondo el hecho de que el presidente López, que no estuvo enterado de la detención, se aventurara a ordenar la separación y eventual juicio de cualquier militar que hubiera estado vinculado al general, hoy un hombre libre.

Para reescribir el discurso del General Secretario las órdenes  fueron de imperativo inmediato. Alejandro Gertz Manero y Marcelo Ebrard Casaubón tuvieron que mover todos sus contactos en la oficina del General Attorney de los Estados Unidos y cualesquier otra instancia al norte del Bravo, para dar marcha atrás al enorme, histórico metidón de pata que habían dado las autoridades gabachas.

Debe reconocerse que ambos lo hicieron con eficiencia y prontitud; de las conversaciones para lograr el retorno del general Cienfuegos se presume que el canciller mexicano debe haber mencionado el pequeño detalle que en todo el mundo solamente quedan cuatro jefes de Estado que no reconocen a Joe Biden como presidente electo y uno de ellos es Andrés Manuel López Obrador. Trump le debía ese favorcito, y muchos otros más, y de más calado; se lo pagó.

Los militares mexicanos no podían quedarse mudos como momias -para citar a un clásico del 2000- cuando sólo se acuerdan de ellos cuando hay trabajo duro que sacar. Construyendo un aeropuerto, desbrozando el derecho de vía del Tren Maya, edificando una refinería inviable sobre terreno pantanoso y sirviendo de una extensión ejecutiva de la Border Patrol de los Estados Unidos para contener y detener a los migrantes que quieren ir al Norte alucinante. En la frontera norte de México y en la del sureste.           

El discurso se logró cambiar. El general Sandoval González sí tiene quien le escriba.

El que va a necesitar más de un amanuense es el fiscal Gertz Manero. Sí, como afirma, la fiscalía a su cargo inició una carpeta de investigación sobre los presuntos delitos del general Cienfuegos Cepeda en cuanto se supo de la detención en California del militar, esa carpeta está más vacía que la despensa de un tabasqueño inundado.

Peor aún, el único expediente es el que viajó desde Nueva York por valija diplomática y que fue integrado por la fiscalía general de los Estados Unidos, con base a los dichos de testigos protegidos -delincuentes- y grabaciones de llamadas telefónicas obtenidas ilícitamente en México. A propósito, ¿quién vigila al vigilante? ¿cuántos son y qué hacen los agentes extranjeros, de cualquier país, en México? Eso no se responde en una mañanera.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿primero los pobres?

Parece que sí, a la hora de las aguas altas del Grijalva y sus afluentes y del desborde del Usumacinta. Que se ahoguen y pierdan su patrimonio primero los pobres. Después de todo, hay muchos y todos son nobles integrantes del pueblo bueno.

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