Por Eloy Garza González

AMLO quiere rescatar a México de la inminente ruina con refinerías como Dos Bocas. Sin embargo, estamos a un paso del colapso económico. Lo que he llamado la coronacrisis. En esta carrera hacia el abismo, disputamos el cetro con otros países en próxima quiebra como Grecia o Argentina. Lo nuestro es un mal patológico: queremos seguir bebiendo un brebaje muy dulce pero venenoso: el jugo de dinosaurio. Los economistas llaman a este jugo con una palabra más técnica: petróleo.

El Covid-19 hizo al jugo de dinosaurio todavía más tóxico. Los precios de este jugo están por los suelos. Y ya no se incrementarán. El petróleo será en pocos años cosa del pasado. Olvidémonos de los barriles de crudo de 100 dólares. Eso es historia. De nuestras exportaciones, las energías fósiles son la peor apuesta. Pregúntenle a Arabia Saudita, que no diversificó a tiempo su economía, y hoy paga las consecuencias. Está en bancarrota.

¿Cuál es la solución para México? No Dos Bocas. No el petróleo. No las refinerías. No las energías fósiles. No los petrodólares. El futuro está en emular el proyecto de nación de Joe Biden, no el de Donald Trump. Más comercio global, menos nacionalismo económico. Es decir, más energías renovables, sol, viento, agua, con las que los mexicanos más jóvenes (que son la mayoría) pueden hacer negocio, sin tener que pasar por el corredor de la burocracia. Se necesita jubilar a una casta empresarial anquilosada, parasitaria, con jóvenes emprendedores sin apellido ilustre, con acceso a mercados abiertos y diversificados.

Hay que crear nuevas empresas con estímulos del Estado; nuevos megaproyectos de biotecnología, de turismo, de energías verdes. Necesitamos producir muchas cosas más que petróleo. Y a diferencia de la propuesta estúpida de FRENAAA, exijamos que los viejos elefantes empresariales no dejen de pagar impuestos, sino que paguen lo justo, lo que les corresponde, porque se han pasado sexenios enteros sin hacerlo.

No se trata de rescatar a estos dinosaurios, mediante corona-rescates, sino de incubar nuevas empresas de energías limpias, con corona-incubadoras. Sin megalomanías presidenciales en pleito eterno con las megalomanías empresariales (igualmente nefastas). Ese es el único plan para modernizar este país que está a un paso de la quiebra.