La actriz británica Hannah Murray, profundamente recordada por sus icónicos papeles como Cassie Ainsworth en la serie de culto adolescente Skins y Gilly en la épica producción de fantasía Game of Thrones, se encuentra en el centro de la conversación internacional tras el lanzamiento de su primer libro autobiográfico: The Make-Believe: A Memoir of Magic and Madness; informó MILENIO.
En esta obra, la intérprete destapa pasajes inéditos y devastadores de su vida privada que han conmocionado tanto a sus seguidores como a la prensa global.
Murray confiesa que la delgada línea entre la realidad y la ficción comenzó a borrarse en su mente, en parte por la naturaleza de los personajes autodestructivos que interpretó en televisión y por el desgaste psicológico acumulado en la industria del entretenimiento, un escenario que la dejó vulnerable ante la manipulación de terceros.
El origen de la crisis de Hannah Murray: El desgaste en el set de Detroit
De acuerdo con el testimonio plasmado en sus memorias, el punto de quiebre comenzó durante el rodaje de la película de época Detroit. En dicha filmación, la actriz tuvo que rodar escenas sumamente oscuras, crudas y violentas que incluyeron la representación de una agresión sexual. Las secuelas psicológicas de este trabajo se manifestaron de inmediato a través de intensas pesadillas y un estado constante de alteración nerviosa.
Fue en ese momento de vulnerabilidad cuando un entrenador personal del set le presentó a una supuesta «sanadora de energía» llamada Grace. Lo que inició como una sesión de terapia alternativa de 150 dólares derivó rápidamente en una invitación para “activar su ADN espiritual”.
Este fue el boleto de entrada para que Murray cayera en una organización piramidal de carácter coercitivo en Londres,liderada por un hombre llamado Steve. La actriz invirtió miles de dólares en cursos en busca de sabiduría, dentro de un ambiente que ella misma describe como «altamente erotizado» por el líder, quien utilizaba el humor sexual como una herramienta sistemática de manipulación hacia sus seguidoras.
Hannah Murray vivió un «exorcismo» en lugar de ayuda médica
La combinación de la presión psicológica del culto, la privación del sueño y el trauma previo detonó en Hannah Murray una severa crisis de manía acompañada de alucinaciones; la actriz llegó a creer que escuchaba la voz del líder en su cabeza y que poseía la capacidad de volar para salvar al mundo. El colapso físico y mental ocurrió durante un seminario intensivo de cinco días.
Comenzó a sufrir un dolor de cabeza tan agónico que describió la sensación como «dar a luz a través de su cráneo», lo que la llevó a encerrarse en un baño. En lugar de solicitar asistencia médica de urgencia, los instructores de la organización rodearon la puerta con herramientas de bronce y comenzaron a realizar cánticos con el fin de ejecutar un «exorcismo» y expulsar lo que consideraban un «espíritu maligno».
Hannah Murray en medio de una intervención policial y diagnóstico de salud mental
Cuando los miembros del lugar finalmente decidieron llamar a los servicios de emergencia, la situación ya era insostenible.Debido al alto estado de alteración psicomotriz en el que se encontraba la actriz, un grupo de oficiales de la policía tuvo que someterla en el suelo para poder estabilizarla y trasladarla de urgencia al Hospital Gordon en Bloomsbury.
Dadas las condiciones de su crisis, Murray quedó formalmente internada bajo el amparo de la Ley de Salud Mental británica por un periodo obligatorio de 28 días. Fue durante su estancia en dicho hospital psiquiátrico donde los especialistas médicos le brindaron su diagnóstico definitivo: trastorno bipolar.
Con la publicación de The Make-Believe, Hannah Murray no solo busca sanar las heridas de su pasado, sino también visibilizar los peligros de los cultos coercitivos y la importancia de un tratamiento psiquiátrico oportuno y profesional.
Imagen portada: Especial



