Por Federico Arreola

Pregunté a un especialista en infecciones: “Hola doctor. Escribo un artículo sobre la muerte de Dios anunciada por el filósofo argentino Nietzs-Che (El Deforma dixit). Vaya relajo en Argentina. ¿Cuándo se notará un aumento en los contagios por las aglomeraciones en el funeral de Maradona?”.

Esto respondió el experto: “En 5 días se vería el aumento de los nuevos infectados (si se hicieran pruebas masivas a todas las personas que han asistido rompiendo las medidas de salud pública), asintomáticos y sintomáticos, y en 10 a 14 días se empezaría a ver un aumento progresivo de admisiones hospitalarias de pacientes graves”.

¿Será culpable Maradona si a mediados de diciembre se presenta un récord no solo de contagios en Argentina, sino de personas gravemente enfermas?

He llegado a la conclusión de que su Dios, es decir, Diego, no quiere a Argentina. Su espíritu inmortal no pudo —o no quiso— impedir la gran tontería. Y es que, inmediatamente después de que Maradona murió el gobierno tuvo la mala idea de organizar un funeral masivo.

La gente respondió. Decenas de miles de adoradores de Diego Armando Maradona acudieron a la Casa Rosada a darle el último adiós al futbolista excepcional. Pero a la hinchada, fiel a su naturaleza, no se le pegó la gana respetar la solemnidad, y con esta el orden, de un funeral. No pocas personas saltaron las vallas o simplemente las derribaron. Para controlarlas, la policía utilizó gases lacrimógenos. El pueblo se sintió agredido y, en una acción de legítima defensa, respondió lanzando proyectiles: piedras, botellas y cohetones. Entonces, los agentes, también para defenderse, recurrieron a las balas de goma. Caos y violencia. Todo por amor a Diego.

El che-virus

Ya era Argentina uno de los países más dañados por el coronavirus. Lo vivido el miércoles, cuando se decretó oficialmente la muerte de Dios, y sobre todo lo experimentado en las aglomeraciones de este jueves, determinará que en unos 10 días —el 10 de Maradona, faltaba más— empiece a registrarse un fuerte incremento en el número de contagiados graves. Muchos sobrevivirán al covid-19, pero habrá personas que no resistirán, esto es, hombres y mujeres que pronto arribarán al más allá, donde felizmente acompañarán al ídolo que metió el gol más tramposo de la historia, el de la mano de Dios.

Prohibido esquiar en la nieve

La canciller Angela Merkel, de Alemania, más que una mujer sensata es la sensatez misma. No quiere que haya temporada de esquí en las montañas de Europa. Ningún país está obligado a hacerle caso, pero Francia e Italia parecen apoyar la idea de Merkel. Austria necesita a los visitantes amantes de deslizarse en la nieve y ha anunciado que no suspenderá tales actividades. En Suiza y Polonia ya esquía la gente, pero solo han abierto las estaciones al turismo local. El gobierno de España está pensando qué hacer.

Los defensores de esquiar en la pandemia argumentan que nadie se va a contagiar bajando a toda velocidad las heladas cuestas. Es verdad, de bajada, necesariamente alejados los esquiadores unos de otros, no transmitirán el coronavirus. Pero nadie sube a pie las cumbres blancas para, una vez arriba, lanzarse a toda velocidad cuesta abajo en la pendiente. Todos suben en góndolas en las que se apiñan como sardinas en lata. Se trata de viajes de 15 minutos en promedio, prácticamente al aire libre. De acuerdo, no es demasiado elevada la probabilidad de contagiarse subiendo y bajando la montaña. Y si no se abriesen los bares y se controlase el acceso a los restaurantes, podría haber pocos infectados.

Es la saturación de los hospitales, estúpidos

Es otra la razón principal de la petición de Merkel de no esquiar en Navidad. Como Europa —lo mismo el resto del planeta— está llegando a la temporada de las fiestas de fin de año con los hospitales cerca de la saturación, entonces lo que se busca es no presionar de más a los sistemas de salud de cada país, que como todo el mundo sabe, en las temporadas de vacaciones de invierno reciben a muchos turistas maletones, cientos al día, que no controlan los esquíes, se caen y tienen que ir a los hospitales a atenderse lesiones de distintos niveles de gravedad.

Mexicano fracturado en Vail, alemán golpeado en Los Alpes

En México no esquiamos. Tenemos montañas, pero no conocemos la nieve. Una minoría entre nosotros viaja a Estados Unidos y aun a Europa en las temporadas invernales. Ya he visto fotos de mexicanos esquiando este noviembre en Vail, Colorado. Se nos olvida que a principios de este año de ahí llegaron algunos de los primeros contagiados.

Vamos a suponer que se cuidan, guardan la distancia y en los lugares de reunión no se quitan el cubrebocas. Pero se caen, suele ocurrir que hasta los más experimentados se van al suelo y se fracturan. Difícilmente conseguirán la atención que necesitan en Colorado, donde los hospitales empiezan a saturarse. El Denver Post informaba hace pocos días que “la tercera ola de la pandemia de coronavirus amenaza con inundar los hospitales de Colorado”.

Es decir, al mexicano fracturado probablemente no le van a brindar en Colorado la atención que necesita: le sujetarán la pierna con algún arreglo rápido, provisional por supuesto, y lo enviarán de regreso a México. En nuestro país lo recibirán en algún hospital particular, pero solo después de hacerle pruebas de coronavirus. En honor a la verdad, a tal turista con la pata quebrada no se le atenderá con entusiasmo: el sistema hospitalario, inclusive el privado, todo el año ha estado bastante presionado por el covid.

Lo prudente, entonces, es no salir a otro país a esquiar. No ahora, ya que no se trata de una actividad esencial. El próximo año, todos vacunados, podrán los turistas ir a romperse el cuerpo y la boca por no manejar correctamente los esquíes y sobrarán hospitales para curarlos con médicos y personal de enfermería perfectamente descansados.

Es muy razonable lo que pretende Angela Merkel: que nadie esquíe esta Navidad en Europa para que los alemanes fracturados en Los Alpes no presionen a los médicos, las médicas, los enfermeros, las enfermeras que todo lo arriesgan en los hospitales luchando contra el coronavirus y que no están de humor para ceder parte de los espacios o de los equipos para atender esquiadores accidentados.

Diego y la Virgen de Guadalupe

¿Era necesario que tantos miles de argentinos se amontonaran, llegando inclusive a la violencia, para despedir a Maradona? Se equivocó el gobierno de Argentina al organizar un funeral multitudinario.

Para muchos creyentes mexicanos, no puede haber la menor duda, visitar la Basílica de Guadalupe el 12 de diciembre es mucho más esencial que esquiar o decirle adiós a Maradona. A pesar de ello, el gobierno de la Ciudad de México y la iglesia católica cerrarán el más importante templo católico. Claudia Sheinbaum, armada de pura sensatez, convenció a los que mandan en la iglesia y no habrá reuniones guadalupanas.

Cuando se quiere, se puede. En Argentina los hinchas de Maradona no pudieron ni quisieron. Ojalá en Europa los prudentes derroten a los que insisten en no percibir ver el tamaño de la crisis de salud.