Por Verónica Malo Guzmán

“Only a Sith deals in absolutes.
(Solo un Sith se conduce en absolutos.)”
Obi-Wan, Star Wars

“Once I had a love and it was a gas
Soon turned out had a heart of glass
Seemed like the real thing, only to find
Much mistrust, love’s gone behind
Once I had a love and it was divine
Soon found out I was losing my mind
It seemed like the real thing but I was so blind
Much mistrust, love’s gone behind

(Una vez tuve un amor y fue un gas
Pronto resultó que tenía un corazón de cristal
Parecía algo real, solo para encontrar
Mucha desconfianza, el amor se ha ido
Una vez tuve un amor y fue divino
Pronto descubrí que estaba perdiendo la cabeza
Parecía algo real pero estaba tan ciego
Mucha desconfianza, el amor se ha ido)”

Blondie, “Heart of Glass”

Aunque hablo de hacer agua, en esta ocasión no tocaré el tema de Tabasco (y Chiapas) inundados. Tampoco el de la economía en declive o el de la violencia y la corrupción rampantes. Tan solo me enfocaré en cuestiones de la salud para decir que las decisiones tomadas en ese rubro no son las correctas.

La crisis por la que atraviesa el país en términos sanitarios es de proporciones mayores. No solo por la pandemia, si bien la misma ha agudizado la situación. Y el clamor ciertamente no proviene —al menos esta vez— de ‘los conservadores’ o de ‘los fifís’. Lo manifiesta su pueblo que está desesperado, mientras que la misma OMS —cuya autoridad en la materia usted volvió a reconocer hace unas semanas— le llama la atención y le pide tomar medidas estrictas para enfrentar la pandemia.

Sé perfectamente que el encargado de protección y prevención en Salud, Hugo López-Gatell, de inmediato volcó la responsabilidad y la respuesta a este reclamo —que la Organización le hace a su gobierno— a la ciudadanía y a las condiciones de salud en las que se encontraba la gente de por sí antes de propagarse el covid. Le pido que usted no haga lo mismo.

A estas alturas es evidente que alguien está mintiendo; o se trata de su gobierno o de la OMS. Y la respuesta a esa interrogante es lo primero.

Así, mientras el organismo internacional señala que “México está en mala situación frente al covid-19, pues vio duplicar el número de casos y muertes entre mediados y finales de noviembre”, por el lado de la administración federal nos continúan recetando falsedades y disimulos.

¿Por qué insultar nuestra inteligencia difundiendo, vía su Subsecretaría de Relaciones Exteriores para Asuntos Multilaterales y DDHH, unas intenciones de compra de vacunas con distintas farmacéuticas haciéndolas pasar por órdenes de adquisición? Buen símil de lo que ha resultado su gestión: continuas ofertas de términos sin compromisos en firme; cartas de intención, pero ningún contrato de compraventa. Así es como todo se nos ha tratado de vender.

El zar anticovid que usted ha encumbrado, quien ha planeado —conociendo las particularidades y limitantes demográficas, sociales y presupuestales de antemano— y ejecutado una estrategia cuyos resultados son desastrosos, actúa además con un cinismo y una desvergüenza penosos.

Pero ahora se trata del pueblo el que suplica ya con desesperación. ¿O va a decir usted que la persona que, en su dolor, soltó una bofetada a una persona de su ayudantía (guardaespaldas) realizó ese desplante por ser neoliberal? Nada de eso. Se trata de la población, miles de familias que claman atención de su parte después de 760 días sin recibir quimioterapias y tratamientos para hacer frente a enfermedades oncológicas. Una persona de entre millones que se acumulan y que ya no le importa atravesarse en su camino; gente destrozada por el desamparo en el que su gobierno ha dejado a un familiar.

Un ser de carne y hueso de entre los otros 3,309 que han interpuesto demandas por desabasto de medicamentos para tratar el cáncer. En lo que va de su administración, dichas reclamaciones pasaron de contabilizar sesenta a más de tres mil en todo el país.

El mismo pueblo que votó por Morena en el 2018, esperando la llegada de un verdadero cambio, ahora le suplica revertir ese cambio y solventar de inmediato las deficiencias que han dejado desprotegidas en más de un sentido a millones de mexicanos.

Su gobierno hace agua. Esto está siendo señalado por una sociedad que está sufriendo, por el personal médico y de salubridad que está agotado de estar en la línea de batalla y por la institución internacional que se encarga de evaluar los esfuerzos en materia de salud de todas las naciones del orbe.

La 4T nunca ha querido enfrentar la crisis sanitaria como tal. La ha negado continuamente, como si por decir una mentira de forma reiterada la realidad pudiera ser trastocada.

Su gobierno hace agua al no ofrecer ningún tipo de apoyo al 73% de los hogares mexicanos cuyos ingresos se han caído en la pandemia, ni ofrecer las medicinas necesarias para quienes más las necesitan. Ni siquiera una palabra de empatía para los enfermos o para con sus familiares se ha escuchado salir de su boca.

Lo único que le queda, ya se habrá dado cuenta usted mejor que nadie, es ‘administrar el nuevo desorden’ iniciado en su gestión. Mantener ‘el grado de gobierno popular’; uno lleno de expectativas, pero que se ha tornado en un mar donde se apagó aquella llama de esperanza.

Y las ventanas de la Suburban seguirán arriba mientras usted se empeñe en viajar sin rumbo, conduciendo un gobierno que hace agua por todas partes.