Por Francisco Tijerina Elguezabal

“No armas un candidato ni juntando todos los pedacitos.” // Yomero

Tal vez producto del tiempo que nos toca vivir, una época donde todo, incluidos los políticos, es “light”, “swettie”, “nice”, “frágil” y “de cristal”, los partidos enfrentan una falta de candidatos de arrastre para las próximas elecciones.

Poco reconocidos, menos recordados y aún menos admirados, como sociedad nos hacen falta espejos en dónde reflejarnos, líderes a quien seguir.

Las transformaciones y avances de los últimos tiempos han provocado este extraño fenómeno que abarca el mundo entero en el que todo se cuestiona y se vive una intensa polarización además de una irracional intolerancia y odio.

La forma de hacerse notar no son las acciones o los discursos, ahora son las protestas y si van incluidos desmanes y destrozos mucho mejor; hoy no es la propuesta lo que encabeza las luchas, sino la denuncia, la queja, el escándalo, la confronta.

Sí, es un problema de la modernidad, pero también es producto de los propios políticos y los partidos que no se han sabido reinventar, que han mantenido una brutal guerra sucia sin tener respuestas a los legítimos intereses y reclamos de la sociedad.

Sin valores, programas, proyectos, se adueñaron de los puentes que permiten las candidaturas para ocupar los cargos públicos, porque lo único que les interesaba era el poder por si mismo.

Hoy andan levantando hasta las piedras buscando candidatos entre los ciudadanos, pero lo que no dicen, lo que esconden a los incautos, es que les pueden dar la oportunidad de contender y hasta de llegar a un puesto público, pero en caso de que triunfen no tendrán ni la toma de decisiones ni podrán designar a los equipos de trabajo que les acompañarán en el encargo, porque ese es un “privilegio del partido” que en ese momento se torna en la agencia de colocaciones de los propietarios de la marca y “aquí nada más mis amigos y mis chicharrones truenan”.

En el poder, todos por igual, se engolosinaron y se alejaron de la ciudadanía. No prepararon cuadros ni impulsaron personajes, todo es exprés y como los pañuelos desechables, de “úsese y tírese”. Sueñan tanto con el poder que son capaces de plantear alianzas inimaginables, pero siempre y cuando sea su candidato el que tenga la candidatura, nunca de otra manera.

¿Para qué nos sirven los partidos si ya ni siquiera representan una ideología o una forma de gobierno?

Aquella organización que unía sentimientos, sueños y formas de pensar morirá en breve porque ha dejado de representar a los ciudadanos para convertirse en clubes de unos cuantos amigos que se dedican a repartirse el botín.

Hoy son pedacería y ni uniendo los pedacitos de todos se puede formar un solo líder que esté a la altura de las necesidades de nuestro tiempo.

ftijerin@rtvnews.com