Por Federico Arreola

La renuncia de Alfonso Romo al gabinete presidencial ha sido interpretada por los analistas en dos sentidos; estoy de acuerdo con ambos puntos de vista: (i) es una mala noticia porque el sector moderado del equipo de AMLO pierde a su figura más destacada y (ii) debe ser vista como el anuncio de que muy pronto habrá otros cambios de primer nivel en el gobierno.

Varios amigos que presumen de estar informados —y que sin duda lo están por su cercanía con los principales colaboradores del presidente López Obrador— me han enviado con insistencia el mismo mensaje de WhatsApp“Viernes, más movimientos en el gabinete de AMLO”.

Normalmente no creo en los rumores de renuncias en tan importante equipo de trabajo, pero esta vez mí intuición me dice que, en efecto, Andrés Manuel ha decidido dar las gracias a más uno.

En WhatsApp quienes me informan que habrá más cambios en el gabinete me preguntan qué nuevos cargos ofrecerá AMLO a quienes renuncien o despida. La verdad de las cosas es que siempre me ha parecido ridículo que se considere una obligación del presidente de México encontrar empleo a la gente que deja de acompañarlo en el gobierno.

Andrés Manuel no estudió para headhunter ni se le eligió para garantizar que siempre mantuviera ocupados y bien pagados a sus asesores y colaboradores. Así que no debería preocuparle en lo más mínimo la duda de a qué se van a dedicar quienes abandonen el gabinete. Problema de ellos, de ellas, de nadie más.

Es derecho del presidente AMLO contratar y despedir a quien se le pegue la gana para ocupar la titularidad de las numerosas secretarías o dependencia del sector público. Lo único que a nosotros nos queda es exigir que no se equivoque ni en los despidos ni en los nombramientos.

Comparto la preocupación, fundada, de que deje el gabinete presidencial un empresario moderado, sin duda neoliberal, como Alfonso Romo. Pienso que el presidente López Obrador está obligado a entregar la Oficina de la Presidencia a alguien con un perfil similar al del renunciado hombre de negocios. Otros cargos Andrés Manuel también debería ofrecerlos a personas identificadas con el sector privado de la economía.

Sería lamentable, en mi opinión, que el gobierno honesto y transformador del presidente AMLO se fuera todavía más a la izquierda. En mi opinión, conste. Pero Andrés podrá hacer lo que él crea más conveniente para México. Para eso millones de mexicanos votaron por él.

Si me consultara, le diría: “Andrés, gira un poco a la derecha; por ahí se llega al crecimiento económico. Si sigues conduciendo por la izquierda, toparás con el mismo precipicio que ha detenido el progreso de otros países o que de plano por ahí se han ido al vacío”.

Es lo que yo creo, pero no tomo las decisiones. El presidente López Obrador hará lo que piense es lo mejor. Y habrá que apoyarlo aunque no nos guste el rumbo que tome, aunque sin dejar de pedirle que dé la vuelta, la vuelta, la vuelta… que hay mucho de fantasía y hasta de ingenuidad en el diagnóstico de que el neoliberalismo o capitalismo ya se murió. ¿Dónde? Ese sistema, tal ideología de derecha, es una locomotora enorme y de alta velocidad que, si nos descuidamos, podría arrollarnos. Con realismo, pienso que lo más que podemos hacer es eliminar unos pocos de los defectos del sistema, para que deje de ser una fábrica de pobres. Pero no es mucho más lo que se puede lograr.

En fin, le deseo suerte al presidente de México. A su amigo Poncho Romo le suplico que siga participando en la vida pública de nuestro país dando conferencias o escribiendo artículos recordándonos, como en su reciente discurso histórico —que quizá contribuyó a su renuncia al gabinete—, que algo no está funcionando del todo bien: “No podemos manejar un país que está decreciendo a 9%, como si estuviéramos creciendo a 9%”.

Andrés Manuel no se equivocaría si enmarcara tales palabras y colgara el cuadro en la sala de juntas que utiliza para trabajar con su gabinete.