Por Félix Cortés Camarillo

Es que te has convertido/ en parte de mi alma… //César Portillo de la Luz, “Contigo a la distancia.

Antier cerré mi “Cancionero” con una pregunta sin tapabocas para la mañanera del presidente López: le pedía yo respuesta al llamado del director de la Organización Mundial de la Salud, Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, en el sentido de que México debería tomar en serio los peligros de la pandemia que nos abate y que los dirigentes del Estado debieran usar el cubrebocas para dar un ejemplo a seguir entre sus gobernados.

No fuimos muchos por la respuesta porque el tema tenía varios interesados: el presidente López nos dijo simplemente que los que mandaban sobre su salud personal eran solamente el secretario de Salud y -desde luego- su gurú sanitario, el doctor López Gatell, y que en opinión de estos sabios era suficiente el aseo de las manos y la sana distancia, cuyo ejercicio tanto molesta a sus adversarios los neoliberales conservadores. Que estaba científicamente comprobado que el cubrebocas servía para maldita sea la cosa y que, además el respeto a las libertades que en la Cuarta Simulación impera, impide las medidas coercitivas que los conservadores adversarios quisieran ver. Contigo a la distancia.

Ahora quiero ver -y ciertamente lo veré- el embate presidencial contra la boda en Malinalco de la sobrina de Claudio X. González en donde 150 parejas bailaron de cachetito y sin cubrebocas, cuando el ejemplo está dado desde mero arriba.

 A esas alturas excelsas se montó el doctor López Gatell al señalar que el mensaje del Dr. Tedros no era para él ni para el presidente López, y que el director de la OMS no había dicho lo que los medios decían que había dicho. O sea que para él las recomendaciones del doctor Tedros son como las llamadas a misa y las mentadas de madre: el que quiere va y el que no quiere no va.

En el mismo estilo, el presidente López aborda los cien compromisos que se estableció hace dos años para su estilo de gobierno y que no se han cumplido a cabalidad salvo la suspensión del aeropuerto de Texcoco, y la iniciación del Tren Maya, la Refinería de Tres Bocas y un pantano y las obras del aeropuerto de Santa Lucía. No es cierto que los mexicanos todos tengan acceso a médico, lugar y cama en las instituciones del Insabi. Tampoco lo es que al final del sexenio malhadado nuestros servicios médicos públicos se equiparen a los de Canadá o los países escandinavos: esa repetida promesa no es solamente una burda y estúpida mentira es un sarcasmo cruel.        

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿cree Usted que su política es como la humedad, que se va metiendo sin que se note por todos los resquicios? Ya metió sus cuñas en la Suprema Corte, se apoderó para sus incondicionales de los Derechos Humanos, tiene en la mira al INE y ahora va a designar a una incondicional a la línea de mando del Banco de México. ¡Chapeau!

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