Por Carlos Chavarría

Cuando fue candidato, en muy repetidas ocasiones y en diversos temas, López Obrador, en su muy pragmático estilo que al parecer le gusta a los mexicanos expertos en todo y nada, minimizaba su ignorancia simplificando los problemas y visiones sobre el asunto sobre el que se le estuviera inquiriendo.

Solo por recordar algunos. “Sacar petróleo no tiene ciencia, se cava un hoyo y se extrae y ya”. “Vamos a sembrar 1 millón de arboles maderables y así se acabará con el desempleo en el sureste”. “Se requiere 90% de honestidad y 10% de capacidad”. “Los delincuentes también tienen dignidad”. La “inseguridad se acaba, terminando con la pobreza”. “El Ejército regresara a sus cuarteles”.

De todas las profundas conclusiones del ahora mandatario, la más determinante de su estilo de gobierno y el futuro que está modelándonos  es: “Gobernar no tiene chiste”.

A partir de ese razonamiento se explica el por qué de la mezcla de personalidades y características de su gabinete y en general de todos los que ha seleccionado para dirigir las instituciones del Ejecutivo.

Cierto que no es nada nuevo, pues en el viejo PRI, que López Obrador admira, el amiguismo, el compadrazgo y el nepotismo fueron las marca  y siempre se prefería la confianza al talento cuando de elegir a funcionarios se trataba.

Claro que en aquellas épocas el mundo era diferente, era una gran aldea con señores semifeudales y México era un rancho aislado del mundo con un cacique al frente, pues bien, esa es la visión de nuestro presidente y poco le importa el efecto de su mala gestión sobre el país.

En el sistema mexicano, el presidencialismo toma todas las decisiones y el presidente de turno se rodea de un círculo muy cerrado de amigos que son los únicos que tienen alguna influencia real sobre la mentalidad del Ejecutivo.

De hecho esos amigos ni siquiera detentan cargos en la administración, pero son el cerebro gris que dirigen el teatro del poder. Córdoba Montoya lo fue con Salinas, Huerta con Fox, Mouriño con Calderón.

Esos personajes no arriesgan nada y mandan sobre todos los temas. En la época dorada del presidencialismo, el presidente, de perdido,  sondeaba a las cúpulas y personajes diversos de la sociedad para conocer como verían a tal o cual persona para cada posición, ahora ya ni eso.

No tiene importancia si Romo, Tatiana,  Ildefonso o Einstein, están en la cartera de Economía, o en INEGI, IMSS, INFONAVIT, etc., porque serían solo operadores de lo que decida AMLO y su equipo cercano.

Así que gobernar no tiene chiste.