Por Félix Cortés Camarillo

..que es todo lo que pide,

que es todo lo que ansía

mi pobre corazón.

Pedro Flores, “Perdón”

La sorpresiva reaparición en las conferencias mañaneras del texto de la carta que el primero de abril del 2019 envió el presidente López al Rey de España reclamando que le pida perdón a los mexicanos por las barbaridades cometidas durante la Conquista y luego la Colonia por los españoles, fue detonada en el centro del verdadero objetivo de López Obrador, que se resume en su apotegma frecuentemente repetido: la mejor política exterior es la interior.

Desde luego, los destinatarios de ese reclame somos los mexicanos para justificar la centralización del poder por parte del presidente. Como era antes, por citar a don Andrés.

El presidente López sabe que no va a obtener el ruego de perdón por parte de la casa real española. El presidente sabe que en 1521, en que se ubica la caída de Tenochtitlan, no existían ni México ni España. Cristobal Colón y Hernán Cortés vinieron a la aventura que se convirtió en americana y mexicana, patrocinados por los reinos del agonizante medievo de Castilla y Aragón. Isabel y Fernando, ilusionados justamente por el oro que América luego les mandó, financiaron los viajes del genovés y Carlos I las incursiones del celoso extremeño cuando España era apenas una ilusión como estado nacional y México era un sueño.

Esas minucias del tiempo tienen sin cuidado al presidente López. Está empeñado en enviar el mensaje de venganza étnica que alguien de su cercanía le vende porque él está dispuesto a comprar para dominar mejor a los mexicanos del hoy.

Para eso sí serviría que España doblara rodilla: está dentro de la política de fragmentación y rencor que ha llevado a México a la radicalización del todos contra todos que nos tiene en un clima ríspido de desunión nacional.

Para la cimentación de este enojo generalizado se requiere una reconcentración del poder en manos del presidente López. Para ello, se le están dando los últimos retoques a una especie de reforma administrativa cuyo principal objetivo es aniquilar los organismos autónomos de poder, pasando sus funciones -y personal, para que no haya grito- a la secretaría de Estado que opera en la dicha área.

Así, la Cofetel, que debe regular los actos en telefonía, radio y televisión, pasará a la Secretaría de Comunicaciones. El INAI, que procura cierta transparencia, y el INEGI, que es una buena proveedora de datos duros, pasarían a Gobernación. Ahí mismo terminarían finalmente otras minucias como el INE, una de los más importantes logros del lento y difícil desarrollo de la democracia en México.

Todo va a depender en apariencia, del resultado de las elecciones de mediados de este año y el resultante frágil equilibrio del Congreso. Ya veremos.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: Señor Presidente ¿ya sabe el mejor funcionario público del mundo, regresando de Argentina, del número de muertos e infectados en su país?

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