Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

Hoy se reúnen a comer en el restaurante El Mirador de la avenida Constitución (el mentidero por excelencia de la clase política en Monterrey) algunos exgobernadores priistas para darle el espaldarazo al candidato del PRI medinista, Adrián de la Garza, según comentan algunas columnas políticas.

En la comida habrá dos ausencias notables: la de Jorge Treviño y la de Rodrigo Medina. Jorge porque en esta pandemia no ha salido de su hogar, ni siquiera fue al desayuno que sostuvieron los exgobernadores con Rogelio Cerda en la antesala del nombramiento del medinista Heriberto Treviño como presidente del PRI estatal, una bendición realizada por Rodrigo en la fiesta que le montó Raymundo Flores en Apodaca.

La ausencia de Rodrigo Medina en la comilona de hoy tiene un cariz diferente. Si asiste, lanzará el mensaje de que él es quien mangonea a Adrián de la Garza como una extensión política; si no asiste, también. Esta reunión de los medinistas con los exgobernadores (¿estará Francisco Cienfuegos?, sería otro error) es tardía, se da a destiempo. El PRI ya está dividido en un PRI medinista y en otro PRI deCLARAdo.

Al PRI medinista le ganó la exclusión, se dieron cuenta de ello y pretenden una imagen de unidad. Cuando se dio la división, los medinistas colmaron las redes sociales describiéndose como un nuevo PRI y tirándole al viejo PRI, a “los viejitos”. Hoy tienen qué acudir a ellos para, falsamente, hacer creer que sólo existe un partido, que no hay división. Sí, es tarde.

Las columnas políticas manejadas por Paco Cienfuegos quieren hacer creer que los medinistas no son los convocantes sino el exgobernador José Natividad González Parás. Es falso. Natividad me aclaró que él no “amarró” el banquete, que fue invitado y asistirá, pero ¿cómo no estar con el PRI cuando ha sido públicamente criticado dos veces por el presidente Andrés Manuel López Obrador? Similar al tema de Ildefonso Guajardo, quien descree de las políticas públicas de la 4T.

Otro caso es el de Benjamín Clariond que en junio del año pasado impugnó el proceso para elegir al dirigente del PRI. Sin duda fue invitado, pero no sé si asistirá o no, ya que su distancia con los medinistas es enorme.

La comida de El Mirador para los medinistas es perder-perder. Hay agravios que no se resuelven ni en la mesa ni en la sobremesa. Algo, sin embargo, resultará del ágape: ¿las ausencias pesarán más que las presencias?