Por Carlos Chavarría

Qué lamentable debe ser para el presidente electo de los EEUU, Joe Biden, que su toma de posesión e inauguración de su mandato deba ser custodiada por 20 mil elementos de su Guardia Nacional.

Muy difícil será el sacarle la presión que Donald Trump le inyectó a todo el sistema-nación solo por el gusto de su egocentrismo y perversión política. Trump ha despertado al tigre que está dormido en todos los pueblos del mundo y que una vez que se le alborota y siempre ha costado mucho trabajo y sangre volverlo al refugio de la política y la negociación. Por ahí anda subiendo videos con un tono pacifista, sabedor de que cualquier incidente que suceda se cargará al balance final de su mandato que de por sí es bastante gris y decepcionante.

Hasta el último momento Trump continuará tratando de dividir a los ciudadanos de los EEUU en adversarios y aliados, en lugar de dedicar toda su energía a la atención y solución de las demandas de todos sin menoscabo de su ideología.

Lo que es incorrecto, lo será siempre, con independencia de que quién lo diga o defienda. Incitar a la violencia  es inmoral y perverso, aunque sea el poder el que lo haga. Mas perverso aun resulta cuando un populista  usa el mandato que se le confiere como pedestal para manipular a las masas mal informadas.

Todos los populistas ofrecen en su discurso lo que la gente espera escuchar y creer, aunque se cuidan de revelar sus formas y medios para lograr lo prometido, esperando que los estragos causados por su gestión se asimilen en el ruido comunicacional que ellos mismos emiten.

La humanidad viene de una ya larga historia de dirigentes como Trump y otros. Todos se asumen como salvadores del mundo sin posibilidad de yerro alguno. Olvidan que abandonamos el salvajismo y la barbarie para darle paso una organización social encabezada por aparatos que se deben ajustar a lo prescrito por el derecho para asegurar una evolución ordenada y  previsible.

No son reyes o nosotros súbditos y todos, sin excepción, aceptamos someternos a las leyes, con mas razón aquellos que en teoría son encargados de asegurar el cumplimiento de la ley.

Confían en su estridente y repetitiva pirotecnia verbal dirigida a dividir a la sociedad según sus maniqueos razonamientos, como instrumento central de gobierno.

Con sus descaradas incitaciones a la violencia y la polarización, los líderes como Trump son el más claro ejemplo de que “la política es la continuación de guerra, pero por otros medios”, porque no les importa negociar nada ni resolver conflicto alguno sino crearlos como medida de su éxito, lo que los convierte en antítesis de la política misma.

A Trump no le importó la historia como proceso explicativo de todo y si bien es momento de empoderar más a la sociedad cansada de tanta patraña burocrática, no es a través de la ruptura y la asonada como se le da acceso a la toma de decisiones a las masas sino al retroceso autoritario al que aspiran los hombres como Trump.

Empieza una nueva administración y Biden reconstruirá todo lo que Trump lastimó, México no debería tener problema en recuperar la buena marcha de la relación bilateral. Más preocupante es el caso de China, Norcorea y el Medio Oriente