Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

Acomodos y reacomodos, inducciones y deducciones, inclusiones y exclusiones, sumas y restas. ¿Cómo empiezan los candidatos sus campañas políticas? ¿Dónde está la sustracción y dónde la adición de cara a la competencia política?

La mayor sustracción a la campaña de Clara Luz Flores pudo haber sido Tatiana Clouthier, esta resta la desactivó el presidente Andrés Manuel López Obrador al darle a la Tía Tatis la Secretaría de Economía para que se ocupara en otros menesteres y no en los comicios de Nuevo León.

Desactivada electoralmente Tatiana, la oposición a Clara Luz dentro de Morena disminuyó, los gritos de Bertha Puga y de Horacio Flores se apagaron. Suma y sigue, además de la adición resuelta en una coalición de Juntos Haremos Historia en Nuevo León, Clara Luz se allegó al PRI no medinista, intentó sumar a Luis Donaldo Colosio y ya obtuvo a los panistas Víctor Fuentes y Felipe de Jesús Cantú. Hasta ahora la imagen de su campaña pretende ser plural, incluyente, abierta y diversa.

El PRI medinista impuso a Adrián de la Garza desde la sustracción. Hasta ahora Adrián no suma, le restan. A diferencia de la campaña de Ivonne Álvarez en el 2015, los medinistas dividieron al PRI desde mucho antes, simbólicamente desde la salida de Clara Luz del partido; pragmáticamente, desde la exclusión de Ildefonso Guajardo.

¿A quiénes han sumado los medinistas? Entre cascajo y figuras-espectáculo, a nadie. Aunque quieran dar una imagen de unidad y músculo (como la fotografía de El Mirador), sólo proporcionan división y flacidez. Las encuestas serias nos dicen que Adrián ya llegó a su techo y, tal vez lo peor, que se encuentra estancado. Refugiarse en las encuestas compradas de poco le ayuda.

La fractura entre Samuel García y Luis Donaldo Colosio quedó superada. Una cicatriz sirve para saber que hubo herida, pero que pudo ser cauterizada. Cuando se lee la página, hay que darle vuelta, seguir. Es lo que están haciendo Samuel, Luis Donaldo y Agustín Basave. Después de la sustracción, la adición. Por eso las candidaturas de Brenda Velázquez, Ximena Peredo y Pedro Garza en Guadalupe. A diferencia del PRI medinista, Movimiento Ciudadano suma a activistas serios, creíbles y a políticos competitivos, lo cual le dará dividendos a Samuel García.

La candidatura de Fernando Larrazabal tiene una falla de origen: Zeferino Salgado y Raúl Gracia; no Víctor Pérez. Los candidatos deben de tener el control de las candidaturas o su poder disminuye. El problema de Fernando es que carece de ese control. ¿El ejemplo reciente? Que la candidata panista a Monterrey sea la derrotada y desconocida Yolanda Cantú.

La inducción, ese “cúmulo de experiencia primitiva”, es lo que mueve a Chefo y a Raúl. Teniendo sus cotos de caza, poco les importa lo demás. El pensamiento deductivo de Larrazabal se contrapone a lo inductivo, pero no lo supera. Su postulado inicial es reduccionista porque nunca ha perdido una elección. El presente ha enterrado el pasado porque tampoco habíamos asistido a que un candidato independiente ganara una elección y sucedió. La candidatura de Fernando, más que dividida, nació desinflada. Es imposible la inclusión cuando se decrece por la exclusión.

Los candidatos, desde la aritmética del desencanto, podrían trascender al encanto del cálculo integral para determinar longitudes hacia el Día D, áreas de oportunidad en el voto switch y volúmenes sociales desde las redes… O mejor convendría resolver un problema de Diofanto.