Por Félix Cortés Camarillo

Aquí se ha dicho en más de una ocasión que la pandemia es la batalla decisiva para el presidente López; su futuro político e histórico, que para él es más importante al menos en la apariencia del discurso, depende de la manera en que haya enfrentado la peor crisis sanitaria del último siglo.

Por lo que hemos venido viendo durante los once meses de Covid 19 en nuestro país, este Waterloo de López Obrador le va a estallar en las elecciones de la primera semana de junio de este año. Si no directamente al presidente sí a los que su entelequia política pretende llevar a puestos de mando en todo el país, gubernaturas, alcaldías y congresos locales y federal incluidos.

La torpeza de las medidas tomadas o dejadas de tomar para controlar la pandemia, casada con la tozudez con la que se han defendido desde la única tribuna que tiene el poder para comunicarse con los gobernados, la llamada conferencia de prensa de todas las mañanas, confirman que la barca de la aprobación del régimen actual se está hundiendo. Todo ello mientras México se convierte en el tercer país en la escalera del número de muertos. Solamente los Estados Unidos y Brasil tienen más muertos que nosotros: también tienen más pobladores. La India, que tiene mil trescientos millones de habitantes, se fue al cuarto lugar. México tiene, según los últimos datos, 128 millones de personas, la décima parte que los que tiene la India.

Todos esos factores no pueden ocultarse con las frases repetitivas de que ya vamos de salida de esta pandemia, que la curva está aplanada, que el problema está bajo control y otras perversas mentiras, como el de la vacunación.

Si en la pandemia se juega todo el futuro de Andrés Manuel, en la situación actual no le queda más arma que la vacunación.

Ya sabemos que las vacunas no terminarán con el mal. Ya sabemos que no hay, ni habrá, una dotación de vacunas disponibles antes de que termine este año vital para la administración López. Ya sabemos que la vacuna rusa Sputnik V (que es cinco y no «ve» como dijo el brujo mayor de Palacio Nacional) no ha pasado la tercera etapa de su desarrollo ni ha sido aprobada por las autoridades sanitarias internacionales ni por la Cofepris local, pese a lo que diga el zar de las epidemias, el doctor López-Gatell.

De ahí, me dicen, el anuncio de emergencia del contagio del presidente López de Covid 19 y la desesperada conversación de López Obrador con el presidente ruso Putin, y el compromiso de ambos de que el mes próximo -dice el tan citado López-Gatell- llegue a México la supuesta vacuna rusa: 24 millones de dosis a casi diez dólares por pieza, para vacunar a 12 millones de mexicanos. El 10 por ciento de la población. Sin certeza ni confianza. Luego se asustan que algunos charlatanes se dediquen a descalificar el peligro de la pandemia en las «benditas redes sociales».

Lo que hay que ver.

PREGUNTA para la mañanera, porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, señor presidente, lo que es parejo no es chipotudo. ¿No debería México, en reciprocidad justificada, impedir la entrada a nuestro país de quienes no porten certificado reciente de que no están infectados? Claro que se va a joder el turismo, pero ese ya está bastante jodido.

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