Por Eduardo Campos Sémeno

ecampos50@gmail.com

Con toda la locura política que permeó en las últimas semanas de Donald Trump en la Presidencia, algunos medios de Estados Unidos empezaron a hablar y a escribir sobre la diferencia que tienen las palabras “misinformation” y “disinformation”.

Si nosotros ponemos en el diccionario inglés-español esas palabras, indistintamente nos va a dar la traducción “desinformación”, punto. Sin embargo, los estadounidenses hacen una distinción casi moral que les ayudó a juzgar, por ejemplo, qué declaraciones y escritos de los políticos podían transmitir y cuáles debían prohibirse.

“Misinformation”, concluyeron, es una desinformación que ocurre sin intención de engañar, por ignorancia de un tema o pensando que se está diciendo una verdad, aunque no sea así. “Disinformation”, en cambio, es una información que se difunde con pleno conocimiento de que es falsa, pero que lleva intención maliciosa de engañar, de confundir o de ganar alguna ventaja política o mediática de tal mentira.

Tal vez aquí podríamos matizar que en español hay una diferencia entre “malinformar” y “desinformar”, como medida para equiparar o igualar los términos del inglés. Desafortunadamente, la semántica no ayuda mucho y creo que pocas personas consumidoras de medios masivos podrían notar con facilidad las diferencias éticas detrás de una y otra palabra.

Por eso concluyo que para ser más directos, debemos llamar “desinformación maliciosa” a los casos de “disinformation” que desde hace dos años abundan en México.

Y es que desde que arrancó la Presidencia de Andrés Manuel López Obrador, la 4T se ha enfrentado a ataques de esta “desinformación maliciosa” provenientes de los reconocidos columnistas anti AMLO, de la llamada Prensa Fifí, de miembros de la IP y de los políticos y funcionarios emanados de PRI, PAN, MC y PRD.

Ojo que de esta categoría de ataques excluyo las declaraciones públicas de crítica o disentimiento directo a programas y políticas del actual Gobierno, esas siempre han existido entre adversarios. Aquí me refiero a aquellas piezas informativas fabricadas o torcidas para engañar, denostar y/o crear confusión.

Nada menos que ayer, el periodista y líder de SDP Noticias, Federico Arreola, escribió una columna en la que denuncia el más reciente ataque de desinformación maliciosa de parte de Raymundo Riva Palacio, otro veterano de los Medios en México, pero que recién inventó teorías de conspiración acerca de la salud de AMLO.

Disculpará Federico que tome aquí parte de su escrito:

”…los cuentos de Raymundo Riva Palacio, quien en su columna de ayer (El presidente sí estuvo en peligro”) se sacó de la manga la jalada de que Andrés Manuel estuvo muy gravemente enfermo, lo que hoy repite (Nos mintieron y ocultaron verdades”), pero curiosamente refutándose a sí mismo.

“Y es que Raymundo pasa de decir que antes de dar positivo a covid AMLO le confió a Lázaro Cárdenas, su coordinador de asesores, que no podía concentrarse y que había tenido dificultades para mantener las conversaciones”. ¿En serio? ¿Quién se lo contó al columnista? ¿Andrés Manuel o Lázaro? Pienso que ninguno”

“Lo curioso es que Raymundo se contradice. Ayer decía que AMLO se puso grave y fue prácticamente rescatado de los brazos de la muerte por el secretario de Salud, Jorge Alcocer. Pero hoy, en la segunda parte de su historia, afirma que pese a los días malos que tuvo el presidente en la primera semana de confinamiento, no hubo ningún momento en el cual estuviera inconsciente o sin la capacidad para ejercer sus funciones”.

“¿En qué quedamos por fin? ¿AMLO estuvo grave, es decir, incapacitado para tomar decisiones, o siempre se mantuvo en forma para ejercer sus funciones, lo que desde luego ningún enfermo de gravedad puede hacer?”

No sólo la opinión de Arreola refuta a Riva Palacio, sino la realidad misma. Todo México pudo ver cuando el Presidente salió a anunciar que había dado positivo al Covid y también vió que seis o siete días después caminó por los pasillos del Palacio con otro mensaje, una tarea imposible para alguien que hubiera estado al borde de la muerte en ese lapso.

Claro que resultaría un trabajo de planta y tiempo completo ir desenmascarando día a día todos estos casos de “desinformación maliciosa” como lo hizo Federico Arreola en este ejemplo. Por eso creo que es importante que los mexicanos empiecen a politizarse aún más para saber distinguir la información.

Una regla general es fijarse bien de qué fuente están saliendo los artículos, memes, opiniones, etc., Y si me tienen un poco más de paciencia, pongo un rápido ejemplo.

Cuando AMLO difundió su video de la semana pasada caminando por Palacio Nacional, no faltaron las fotos y opiniones que señalaban que el Presidente vivía entre lujos y que había preferido la opulencia de ese recinto a la casa de Los Pinos que ahora es museo y espacio del Pueblo..

Si, digamos, un comerciante-propietario de una bodega en una Central de Abastos se engancha y difunde esa crítica porque recuerda que AMLO había dicho hace años que rentaría un departamento cerca de Palacio, eso podría tomarse tal vez como una mala información, aunque medio “ingenua” y basada en la ignorancia de los hechos.

Si, en cambio, ese tipo de crítica emana de los opositores sistemáticos de AMLO ya mencionados, del joven X. González y miembros de FRENAA para abajo, hasta el más obscuro funcionario partidista del PRD, entonces se trata de una “desinformación maliciosa”.

La diferencia estriba en que esos “odiadores profesionales” seguramente conocen —como yo, que por mi profesión sigo los hechos y las noticias políticas— toda la historia que ocurrió alrededor del lugar donde vive AMLO y su familia y que de memoria puedo relatar rápido sin temor a errarle mucho:

Cuando ganó la elección, AMLO dijo que dejaría su casa de Tlalpan (creo, porque no conozco mucho la Ciudad de México) y que buscaría un departamento cerca de Palacio. La primera vez que se reúne con Enrique Peña Nieto por la transición, el priísta le revela un desconocido hasta entonces departamento de unos 300 metros cuadrados que está en Palacio Nacional y que fue construido por orden de Felipe Calderón, parece que para elementos del Estado Mayor.

El Presidente morenista decide entonces que su familia ocupe ese espacio, lo decoran sin ampliarlo y se cambian a él hasta julio del año siguiente, cuando su hijo menor termina (otro creo) el sexto año de primaria. En una de sus mañaneras, AMLO habla del tema y presenta hasta los planos del dichoso departamento.

Todo eso lo fui conociendo en los últimos dos años por lecturas de periódicos y seguimiento a las noticias del Gobierno federal. Nada de conspiraciones ni de intenciones a favor o en contra. Simple conocimiento de hechos.

Entonces, como veo que existe mucha de esta desinformación maliciosa —y aunque no sea una chamba remunerada— me voy a dar a la tarea de advertirles aquí de vez en cuando de estos casos, pues los considero injustos y nocivos para la verdadera democracia en México.