Por Carlos Chavarría

¿Sabrá tanto interesado en entrarle al trabajo al “servicio de la comunidad” en Nuevo León cómo se encuentran las finanzas del estado y sus municipios y lo que van a encontrar cuando sean entronizados? Lo dudo y las cifras no mienten.

Los estados y municipios del país debían al 1er trimestre de 2020 del orden de 597,000 millones de pesos. El gobierno de Nuevo León y la ciudad de Monterrey son los más endeudados ($14,000.00 per cápita) y en niveles insostenibles en el país y las autoridades a cargo no han dicho ni pío.

Eso sin considerar que a los reportes de la deuda les falta todo lo contingente.

Estos últimos 6 años el estado de Nuevo León se fueron en blanco en materia de inversiones y mantenimiento de infraestructura. No obstante que se atenuó la tasa de crecimiento de la deuda, en este momento no hay sobrantes ni para pagar el servicio de la misma.

Las renegociaciones no hacen sino “patear el bote más delante”, esperando ver qué hace el que viene, y estos ni idea tienen.

Otro problema es que todos los malos administradores recurren siempre a la misma salida para sus problemas de caja postergar el mantenimiento de la infraestructura pública y la “reprogramación” de la inversión tan necesaria para atender al crecimiento en todas las áreas.

Baste como prueba de lo anterior el incendio en el puesto central de control del metro de México y los corto circuitos en el de Monterrey, y agreguemos todo lo demás en vialidad, carreteras, hospitales, escuelas, etc., para entender la magnitud del problema que está concatenado con la pésima política de gasto público actual del gobierno federal y las entidades federativas.

En cualquier escenario del resultado electoral próximo, los ingresos del gobierno federal apuntan a continuar con una muy acentuada diferencia entre lo programado y lo observado. Por supuesto el gobierno federal utilizó las reservas disponibles, resultando casi agotadas, sin que se vislumbre que en la segunda mitad del sexenio se puedan recuperar.

Entonces las participaciones federales a estados y municipios apuntan para continuar su reducción durante los próximos 4 años, lo que significa veneno para la estrategia que han seguido las autoridades locales, de adelantarlas vía más endeudamiento.

Sabemos muy bien que López Obrador continuará metiéndole dinero en los proyectos y programas que persigue para sus propios fines de popularidad y que no tendrán repago alguno en el corto plazo, así que aquellos estados que no están en el corazón del presidente tendrán que rascarse con sus uñas nada más para cumplir con las obligaciones financieras que ya tienen contraídas y que ya superan los 80,000 millones de pesos en el caso de Nuevo León.

Por cierto, ¿ya vieron como quedaron, después de la helada, los flamantes pavimentos de Monterrey recién renovados con un programa de 700 millones de pesos, que se sumaron al programa de 2015 por 1,300 millones de pesos?